Pandemias y dieta carnívora

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Pandemias y dieta carnívora

Ahora que el COVID-19 ha puesto en el centro de nuestras vidas el concepto de pandemia, es necesario recordar que el mundo occidental lleva muchos años instalado en otra pandemia, la de la mala alimentación.

Entre los indicadores de que una dieta no es saludable se pueden destacar el exceso de procesados y ultraprocesados, el desequilibrio entre grupos nutricionales, el abuso de de sal, azúcar o grasas saturadas, la deficiencia en la ingesta de fibra, el consumo de alcohol y el más importante: el predominio de los alimentos de origen animal.

La maquinaria publicitaria de la industria cárnica es una de las más potentes del planeta. No solo han conseguido instalar una serie de falsos dogmas entre la población, sino que han llegado a convertir a algunos de sus productos en pilares esenciales de la alimentación occidental al margen de toda certificación científica.

La mayoría de tus dogmas alimentarios son producto de despiadadas estrategias publicitarias

Nunca hallarás un estudio científico que relacione la ingesta de lechuga, zanahorias, lentejas o alcachofas con un problema de salud. Sin embargo, la literatura científica es contundente a la hora de relacionar ingesta de carnes (especialmente rojas) con problemas de salud: diabetes, aterosclerosis, enfermedades cardiovasculares o cáncer.

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Fuente: Pixabay.

Practicar una dieta predominantemente carnívora no solo tiene efectos nocivos sobre la salud del consumidor. También los tiene sobre la salud del planeta. El documental Cowspiracy lo describió con detalle y de forma brillante hace unos años.

Pero esto ya lo sabíamos.

Ahora, a los archiconocidos efectos nocivos de la dieta carnívora se suma uno que pudiera ser la gota que colma el vaso: su relación con la aparición de nuevas pandemias.

Todas las pandemias de la historia reciente tuvieron su origen en el consumo de carne

Hemos aprendido de la forma más eficaz posible, a través del encierro y el dolor, que uno de las principales amenazas que enfrenta la humanidad son las enfermedades de animales que “saltan” a humanos (técnicamente conocidas como zoonosis). Se trata de una mera cuestión estadística. Las especies silvestres conviven con cepas de microorganismos patógenos frente a los cuáles se encuentran inmunizadas. Estas cepas mutan continuamente de modo que, de tarde en tarde, una de esas cepas tiene capacidad para hospedarse en seres humanos y continuar su ciclo de propagación. Cuanto más contacto con las especies silvestres, más riesgo de contagio.

Son dos las principales razones que justifican nuestro creciente contacto con especies silvestres de riesgo y, por tanto, la intensificación de pandemias de carácter zoonótico: la destrucción de los hábitats naturales que empuja a las especies a los núcleos de población humana y el crecimiento constante en el consumo mundial de carne.

Menos bosques y más consumo de carne, garantía de zoonosis

La “gripe española” de 1918, que afectó a 500 millones de personas y causó entre 17 y 50 millones de muertes, fue provocada por un virus aviar que saltó al cerdo y de ahí a humanos. La gripe actual, heredera de aquella, es menos devastadora, pero aún así mata entre 300.000 y 650.000 personas al año.

El VIH apareció a principios de los 80 del pasado siglo procedente de cepas del virus de la inmunodeficiencia de los simios (VIS) que se transmitían por vía sexual. Se originó entre primates del centro de África occidental y saltó a la especie humana entre los comerciantes y consumidores de carne de monos y chimpancés. En los hospedadores no provocan inmunodepresión, pero sí en los animales de otras especies a las que saltan.

La enfermedad de las vacas locas surgió en ganado alimentado con restos de otras criaturas que habían desarrollado espontáneamente la enfermedad. En 1996 da el salto a humanos a través del consumo de carne contaminada.

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Fuente: Pixabay.

El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS-Cov1), originado en China en 2002, tuvo su origen en la civeta o gato de algalia, un mamífero carnívoro de Asia que se cría en granjas con destino al consumo humano en selectos restaurantes.

En 2009, la gripe A (gripe porcina provocada por el virus H1N1), se originó en cerdos en México.

En el caso del MERS (Síndrome Respiratorio por Coronavirus de Oriente Medio) identificado en Arabia Saudita en 2012, la transmisión estuvo relacionada con el contacto directo o indirecto con dromedarios.

El virus Ébola ha presentado brotes desde 1973, pero el más intenso se originó en 2014, en África occidental. Todavía no se ha confirmado cuál es su reservorio principal, aunque el candidato más factible es un murciélago de la fruta. En Gabón se encontró en perros salvajes que posiblemente se alimentaron de animales infectados.

Aún no existe consenso acerca del origen del COVID-19 (SARS-Cov2). Lo más probable es que la cepa original procediera de murciélagos que contagiaron a pangolines. Los pangolines actuarían como especie puente que terminó contagiando a los humanos.

Encuentra tu razón para reducir el consumo de carne. Tienes varias y poderosas entre las que elegir

Hay, por tanto, poderosas razones para que los alimentos de origen animal tengan cada vez menos peso en nuestra dieta. Elige las razones que consideres más relevantes para ti y los tuyos. Y recuerda que una alimentación saludable implica un planeta saludable y un futuro para todos.

Autor: José Liétor.

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