Las Graveras de la Vega se han convertido en el agujero negro de todo tipo de residuos  

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Las Graveras de la Vega se han convertido en el agujero negro de todo tipo de residuos  


Los agujeros generados por la actividad extractiva de gravas, con el acuífero aflorante, son rellenados con escombros cargados de residuos, muchas veces peligrosos,  que contaminan aguas y suelos ante la dejadez de la administración que mira para otro lado y no ejerce su función inspectora.

El último caso denunciado ante el SE.PRO.NA de la Guardia Civil, el Ayuntamiento de La Rinconada, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible y la Consejería de Hacienda, Industria y Energía es el de la empresa Fermovert S.L. que está vertiendo residuos en la concesión minera de la empresa Áridos y Reforestación S.A. (SANDO), en una gravera en explotación en La Rinconada, en la zona de La Cabaña – La Rata.

Los agujeros de la explotación son rellenados con escombros acompañados  con gran cantidad de otros elementos como basuras domésticas, neumáticos, residuos industriales, lodos de depuradoras de aguas residuales, asfalto de carreteras, plásticos agrícolas, envases, etc. Estos residuos se están vertiendo directamente y en contacto con el acuífero, aumentando los riesgos de contaminación del mismo.

Esta es una práctica generalizada y se llevan realizando desde hace años, lo que supone una clara negligencia e incluso connivencia entre la inspección ambiental y las empresas concesionarias.

El negocio es redondo, ganan sacando la grava, un recurso público al que acceden vía concesión administrativa,  ganan cobrando por  la entrada de los residuos, ahorrándose el relleno con tierra vegetal al que los obliga las autorizaciones ambientales y el plan de restauración y  finalmente ganan plantando cualquier cultivo, incluido frutales, que incrustarán sus raíces en un sustrato altamente contaminado y cuyos productos pasarán a la cadena de alimentación humana.

En alguna de las graveras denunciadas, como la de la Jarilla, se incluye una tapadera que disimula la fechoría al tener una planta de tratamiento de residuos de construcción y demolición ubicada en la misma explotación, con lo que ante cualquier inspección se pone a trabajar la planta para que se seleccione el escombro y vaya limpio a la zona de relleno, pero en la mayoría, ni si han tomado la molestia de camuflar el vertido y se hace sin más precaución que la derivada de saber que nadie mira.

El repunte de la actividad de construcción está incrementando el número de graveras en activo y también el incremento de estas prácticas ilegales que entierran residuos en contacto con el acuífero provocando su contaminación en profundidad con lo que la posibilidad de remediar el daño causado es prácticamente nula.

Desde Ecologistas en Acción estamos denunciando estos auténticos atentados ecológicos con la esperanza de que la intervención de la Fiscalía vaya más allá de la responsabilidad empresarial y determine también las posibles responsabilidades de políticos y técnicos de la administración que han dejado hacer en una connivencia muy grave.

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