Nuestro transporte alimenta las crisis a las que nos enfrentamos: usémoslo para combatirlas

El mundo está en una encrucijada. Con olas de calor récord, sequías masivas, inundaciones e incendios devastadores, este verano las consecuencias dañinas y los costos de la crisis climática han sido más visibles que nunca. A todo ello se suma una inflación disparada, unos precios de la energía sin precedentes y una guerra en suelo europeo

En estos tiempos caóticos, hay un sector donde todos los hilos se unen: nuestro sistema de transporte, una de las raíces de nuestra dependencia del petróleo que provoca esta crisis climática y económica. ¿Qué podemos hacer en nuestro sistema de movilidad para enfrentarnos a estas crisis? 

 

Crisis climática y de la naturaleza

Acción de plantación de árboles cerca del bosque Dannennroeder.

Activistas de Greenpeace plantan un roble inglés al final de la controvertida autopista A49 en Hesse, Alemania.

Nuestro sistema de transporte, que consume mucho petróleo, emite casi el 30 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la UE y el 23 % de las emisiones globales, con altos costos para nuestra salud por la contaminación atmosférica, el ruido y la siniestralidad vial.

La explotación de recursos naturales es una de las mayores amenazas para nuestra naturaleza. El transporte es la razón principal de la extracción y producción de petróleo en todo el mundo, con alrededor del 60 % del petróleo utilizado para el transporte a nivel mundial y casi el 70 % en la UE. La producción de agrocombustibles o la construcción de nuevas infraestructuras, como aeropuertos y carreteras, amenaza aún más los hábitats de la vida silvestre y los bosques.

A pesar de estos sombríos impactos en nuestro clima y naturaleza, los gobiernos siguen dando privilegios a estas industrias para ayudarlos a obtener grandes ganancias. Mientras tanto, estas empresas apuestan principalmente por soluciones falsas como la compensación de carbono o el aumento de la producción de agrocombustibles que, en gran medida, están alimentando la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la destrucción ambiental y los abusos contra los derechos humanos.

 

Crisis de energía

Todo el mundo habla de la necesidad de ahorrar energía debido al aumento vertiginoso de los costos de energía en los últimos meses y la amenaza de escasez. Pero, ¿por qué la mayoría de los gobiernos evitan tocar el transporte, cuando ningún otro sector consume más energía en Europa?

Pese a los intentos para desenganchar a Europa del petróleo ruso, los gobiernos no han recortado la energía dedicada al transporte. Todavía se mantienen los beneficios fiscales y subsidios para jet privados y vuelos cortos, mientras se buscan otros proveedores de petróleo con antecedentes cuestionables en materia de derechos humanos. El mundo sufre una nueva carrera para reactivar la extracción de petróleo, como anunció recientemente la República Democrática del Congo.

Mientras que las personas y el planeta pagan el precio de la adicción al petróleo del transporte, la industria fósil aprovecha para ganar miles de millones mientras nos vende sus falsas soluciones y su lavado verde.

 

La desigualdad y la crisis del coste de la vida

Además de la energía, ha subido el precio de casi todo, desde los alimentos hasta la vivienda, llevando al límite las finanzas de los hogares. Dado que la movilidad constituye el segundo mayor gasto de los hogares europeos, un aumento del transporte afecta negativamente a los recursos de los hogares.

En las regiones sin un transporte público accesible y asequible, donde las personas se ven obligadas a poseer un automóvil, este aumento implica que las necesidades cotidianas y la plena participación en la sociedad ya no sean asequibles para los hogares de bajos ingresos.

Acción de Movilidad Urbana en Roma. © Francesco Alesi / Greenpeace

Activistas de Greenpeace Italia transforman una concurrida calle de Roma en un carril bici para todos, exigiendo soluciones de movilidad sostenible y ciudades hechas para las personas, no para los coches. © Francesco Alesi / Greenpeace

 

Guerra y conflicto

Acción pacífica que enfrenta el transporte petrolero ruso en Dinamarca.

Activistas de Greenpeace de Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia bloquean un petrolero ruso en el norte de Dinamarca.

Nuestro sistema de transporte tiene sus raíces en los combustibles fósiles, causa de múltiples guerras y conflictos. La guerra en Ucrania nos ha recordado trágicamente que la adicción a los combustibles fósiles sucios está provocando muertes y un sufrimiento inimaginable en todo el mundo.

Las exportaciones de petróleo son la mayor fuente de ingresos de Rusia y están financiando la guerra de Putin. Y aunque Europa embargó parcialmente el petróleo ruso, Europa sigue gastando alrededor de 825 millones de euros al día en la importación de petróleo de otros países con antecedentes cuestionables en materia de derechos humanos.

 

¿Y ahora, qué? Construyamos una movilidad justa y sostenible

No hay duda de que nuestro sistema de transporte está profundamente vinculado a las crisis que enfrentamos. Pero podemos usarlo para abordarlos y avanzar hacia un futuro justo, sostenible y pacífico.

En primer lugar, debemos dejar de depender del petróleo reduciendo el transporte más contaminante, como los vuelos cortos o los jets privados, e impulsar los transportes limpios, colectivos, alimentados con energías renovables y de bajo coste para sus usuarios. Países como Alemania, Austria y también España han rebajado los precios del transporte público y el tren, reduciendo el uso del automóvil y rebajando el coste del transporte en la vida de las personas.

Cuando los responsables políticos quieren, el cambio es posible: una investigación encargada por Greenpeace demuestra qué políticas hacen falta para conseguir un transporte prácticamente libre de petróleo y de emisiones para 2040, sin tener que depender de falsas soluciones como los agrocombustibles.

Mientras nos liberamos del yugo de la industria fósil, también tenemos que estar alerta de las falsas promesas como los agrocombustibles, el hidrógeno no renovable o la energía nuclear, que son ineficientes o dañinos para la naturaleza, la biodiversidad y ponen aún más en peligro el futuro de la humanidad.

Y no menos importante, ¡la transformación de nuestro sistema de transporte debe ser justa! Los gobiernos deben eliminar los privilegios de las empresas contaminantes, como las subvenciones y los beneficios fiscales, para que quienes se están beneficiando de las crisis actuales paguen y redistribuyan estos fondos en una transformación verde y justa de nuestro sistema de transporte. Esto significa apoyar a quienes luchan para llegar a fin de mes y una transición justa para las plantillas de las industrias contaminantes hacia empleos de movilidad sostenible.

Todos dependemos de la movilidad en nuestro día a día. Por eso es hora de fijar las vías para un sistema centrado en nuestras necesidades básicas y que garantice vidas decentes y felices en un planeta saludable.

 



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