¡Avalancha de cambio climático! – ES


La ola de calor que comenzó la semana pasada y que todavía continua está rompiendo récords de temperaturas, afectando por completo a nuestras vidas, a nuestro sueño durante la noche, etc. Afectando a nuestra salud y a la de nuestro planeta, a nuestros seres vivos, ecosistemas, y de forma dramática a nuestros bosques, que están ardiendo en incendios incontrolables.

El aumento del número e intensidad de las olas de calor se debe al calentamiento del planeta, al igual que otro fenómeno del que tuvimos tres noticias impactantes la semana pasada, las avalanchas de nieve: una en los Alpes, con la desgraciada muerte de 11 turistas; otra en nuestro glaciar más famoso, el del Aneto (para escalarlo han abierto una vía nueva por el riesgo de accidentes porque se ha derretido el hielo joven dejando al descubierto el más antiguo y duro); y otra en Kirguistán, donde se ve en este vídeo como unos excursionistas se ven sorprendidos por la avalancha que acaba atrapándolos.

Yo mismo sufrí una avalancha hace tres semanas, aunque esta vez de barro, rocas y árboles, que de igual forma, está causada por el cambio climático. Hacíamos la famosa excursión a la Ciudad Perdida de Colombia, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Durante la segunda noche, a las 21.15, se produjo un derrumbe de una ladera que arrasó la parte central del campamento en el que descansábamos 40 turistas y 20 trabajadores y trabajadoras. Hubo ataques de pánico pero afortunadamente una cadena de coincidencias evitaron que hubiera heridos graves. Pasamos la noche en un duermevela, angustiados por la posibilidad de que un segundo derrumbe tuviera más puntería y arrasara con todos nosotros. Por supuesto, ninguno de los allí presentes contemplamos intentar subir a la Ciudad Perdida, de la que nos separaba apenas una hora de camino (después de haber andado dos días enteros para llegar allí). El campamento ha quedado inutilizado y tardará semanas en ser reparado. Además, al salir de las montañas comprobamos que había habido muchos más derrumbes por las montañas y varios de ellos habían destruido tramos del sendero de regreso. Tuvimos que esquivarlos con la ayuda de los trabajadores (guías, traductores, cocineros, ayudantes, etc.), que hicieron un esfuerzo sobrehumano durante los dos días que tardamos en salir de la montaña.

Eso sí, lo peor queda para las personas que trabajan y viven allí: primero tienen que reparar el camino para que puedan pasar las mulas, y tras esto, reparar el campamento. Mientras no haya turistas, no tienen sueldo, ya que sólo ganan por las excursiones que hagan. Tardarán semanas en repararlo.

La organización de este trekking la hacen entre la población local (que son dos pueblos indígenas: Kogui y Wiwa) y los trabajadores, de forma autogestionada. Ni el gobierno ni grandes empresas participan en su organización. Además prefieren que sea así, para poder mantener cierto grado de autonomía y de poder de decisión. Pero eso implica que, por ejemplo, nuestros guías tuvieran que volver a subir al día siguiente de dejarnos a nosotros a salvo, para ayudar a reconstruir el camino y el campamento lo antes posible. Nuevo ejemplo de que los más vulnerables y los que menos han contribuido al cambio climático, son quienes más pierden por sus consecuencias.

La noche del derrumbe, mientras estaba en mi litera intentando descansar algo antes del amanecer y todavía en alerta, comencé a reflexionar sobre la responsabilidad de la desgracia. ¿Sería de los organizadores, de los turistas, de las autoridades? ¿Eran las fuerzas naturales, la montaña y la tormenta, y entonces sólo queda resignarse? Pero también me preguntaba, y cada vez con mayor certeza y cabreo interno: ¿Qué responsabilidad tendrían las grandes empresas de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) que saben las consecuencias de su actividad económica desde hace décadas? ¿Y los gobiernos de los países más contaminantes, que llevan siendo advertidos por los mejores científicos y científicas que hay en el mundo sobre los peligros del cambio climático, y que apenas han empezado a seguir sus indicaciones?

Al contar a nuestros guías y compañeros de expedición que había pensado escribir este blog relacionando lo que nos había pasado con el cambio climático, a todos les pareció bien. Aunque uno me preguntó si creía que estaba directamente relacionado. Le contesté que sí, que cada vez hay más estudios (como los del Panel Intergubernamental de Cambio Climático) que demuestran cómo el cambio climático aumenta de forma clara las probabilidades de fenómenos extremos; y que la acumulación de este tipo de fenómenos en el tiempo y el aumento de su intensidad que se están registrando en la actualidad demuestran las predicciones de la ciencia, que preveían un aumento de catástrofes atmosféricas como consecuencia del calentamiento global.

En concreto en la Sierra Nevada de Santa Marta llevaba lloviendo intensamente durante más de un mes, cuando curiosamente no es temporada de lluvias. En parte es consecuencia del fenómeno de La Niña, que está provocando más lluvias en esta parte del mundo, como ha indicado la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Y la noche del derrumbe estuvo cayendo una tormenta tropical que asustaba. La OMM, como otras instituciones científicas, han dejado claro que el cambio climático antropógeno aumenta el riesgo de olas de calor, sequías, incendios forestales, diluvios e inundaciones.

Así que cuando comenzó a amanecer ya tenía claro quieren éramos las víctimas (los turistas, y sobre todo las personas trabajadoras y habitantes locales), y quienes los culpables: las personas que han estado trabajando para que sigamos quemando gas, petróleo y carbón, sabiendo que a ellos les iba a enriquecer, y a los demás nos iba a perjudicar (como ya está haciendo).

Pero lo peor estaba por llegar: según el Fondo Monetario Internacional las emisiones de gases de efecto invernadero no paran de crecer: aumentaron un 6,4 % en 2021 respecto a 2020, hasta alcanzar un nuevo récord, eclipsando el pico previo a la pandemia a medida que se reanudaba la actividad económica mundial.

Annual global greenhouse gas emissions rebounded 6.4 percent last year to a new record, eclipsing the pre-pandemic peak as global economic activity resumed. IMF

Los gobiernos siguen sin hacer su función: ser líderes sociales para impulsar cambios difíciles que mejoren la sociedad. Y las empresas privadas siguen haciendo lo que han hecho siempre: pensar únicamente en sus beneficios, y presionando a los gobernantes y legisladores para que no actúen en su contra. A la sociedad civil nos queda actuar de forma individual, colectiva, y organizada para exigir e impulsar las soluciones que ya tenemos y que benefician a todo el mundo: aislar mejor nuestras casas, instalar energías renovables, electrificar las fuentes de energía, abandonar el uso del gas, mejorar nuestra dieta, y adoptar hábitos sostenibles.

Para conseguir el cambio de paradigma que necesitamos desde Greenpeace estamos intentando que la UE prohíba los anuncios y patrocinios de empresas fósiles a nivel europeo, igual que con los anuncios del tabaco, a través de esta Iniciativa Europea Ciudadana en la que tu firma ¡contribuirá a la salud de millones de personas!

 

¡Basta de publicidad de combustibles fósiles!

No nos queda mucho tiempo pero es fácil hacerlo y podemos hacerlo.

Escrito por Pedro Zorrilla, Responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace



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