Manifestación acuática en el Guadalquivir – ES


  • En el día de reflexión de las elecciones andaluzas, la organización demanda un cambio radical y urgente en la gestión del agua, gobierne quien gobierne
  • Greenpeace reclama un proceso de transición hídrica justa para Andalucía, asumiendo los límites actuales de cada demarcación hidrográfica y previendo la reducción de aportaciones que traerá consigo el cambio climático
  • La organización advierte que, si no se planifica una transformación paulatina y ordenada del sector agrícola, se tendrá que hacer a “golpe de sequías” 

A primera hora de la mañana de esta jornada de reflexión, más de medio centenar de activistas de Greenpeace de toda Andalucía han realizado una manifestación acuática, a lo largo de la dársena del río Guadalquivir en Sevilla, desplegando una pancarta flotante de 50 m2 y otras dos pancartas en varios kayaks. Con los lemas “Salvar el Agua”, “Transición Hídrica Justa ya” y “Mañana Andalucía se juega la sequía”, Greenpeace quiere demandar a los diversos partidos políticos que concurren a las elecciones autonómicas un cambio radical en la política de gestión del agua.

Con esta acción, Greenpeace da un paso más en su trabajo por la preservación del agua, que ya venía denunciando la contaminación por nitratos debido a la ganadería industrial, y amplía su foco a otros dos grandes problemas que aquejan al Estado español y especialmente a Andalucía: la escasez de agua y su mala gestión. Esta actividad se realiza después de que Greenpeace ya presentara, al inicio de la campaña electoral, un documento con propuestas para los candidatos/as, que abarcan numerosos ámbitos, entre los que hay medidas específicas sobre la gestión del agua. La organización ha mantenido, además, diversas reuniones para trasladar sus propuestas a los diferentes partidos políticos que concurren a las elecciones.

Andalucía es la comunidad autónoma con más superficie regada, representando el 27,7 % del regadío total del Estado. Al cultivo del arroz, muy demandante de agua por hectárea, se le suman cultivos tradicionalmente de secano como el olivar, que están paulatinamente pasando a ser regados. A esto se le debe añadir el incremento de superficie dedicada a cultivos subtropicales, también muy demandantes de agua, y el peso de los “cultivos emergentes”, como los frutos rojos o la agricultura intensiva bajo plástico. 

“Andalucía tiene que repensar cuánto, cómo y para qué riega. Necesitamos asumir que el cambio climático ya está suponiendo modificaciones en las aportaciones de agua y que los escenarios muestran posibles reducciones. Por eso debemos fijar un régimen de caudales ecológicos que garantice las necesidades de agua de las especies y los hábitats o de lo contrario, estaremos llevando a Andalucía a  una situación de colapso hídrico”, explica Julio Barea, responsable de la campaña #SalvarElAgua.

Precisamente porque la agricultura es un sector clave para la economía andaluza, la organización remarca que es fundamental que este proceso de replanificación del uso del agua se haga sin dejar atrás a las familias del campo andaluz. Si no se hace de forma ordenada, serán las sequías o la situación de carestía de agua las que reduzcan las dotaciones y, con total seguridad, serán las partes más vulnerables del sector primario las que se verán más afectadas. Por eso, la organización ecologista demanda que se reoriente la política del agua de Andalucía hacia un nuevo modelo de uso y aprovechamiento del recurso a través de una transición hídrica justa, cuyo objetivo sea la sostenibilidad en términos ambientales y sociales. Un cambio de enfoque hacia modelos de agricultura y ganadería ecológica, de baja huella hídrica, y con políticas que redistribuyan el agua disponible con criterios de eficiencia productiva y laboral.

“Necesitamos redefinir el regadío andaluz, reduciendo su dimensión superficial, acoplándolo a la disponibilidad de agua que el cambio climático ya está provocando, garantizando el apoyo a pequeñas y medianas explotaciones profesionales que contribuyen al equilibrio territorial, al asentamiento de la población rural y al relevo generacional del campo y poniendo fin a la vulneración de los derechos humanos y laborales que a menudo ocurren en el sector”, explica Berraquero.

La organización advierte que la transformación también debe darse en los canales de distribución del modelo agroganadero. Con 4,5 millones de toneladas de frutas y verduras exportadas en 2021, Andalucía debe iniciar una transición de su sistema productivo hacia los principios de la agroecología, la cual contempla, además de cambios en la forma de producción, la garantía de la conservación de recursos naturales y agrícolas, como el agua, la energía, el suelo o las variedades genéticas, y la maximización de beneficios sociales y ambientales en toda la cadena de valor, con un enfoque de justicia social entre productores/as y consumidores/as.

Andalucía exporta agua en forma de productos agroalimentarios que generan réditos millonarios concentrados en unas pocas manos, mientras que esta actividad genera graves problemas de sobreexplotación de acuíferos y desertificación que sufrimos todas las personas. El modelo agroindustrial se inunda de fondos de inversión que especulan con la producción y con nuestras tierras y ahoga a las pequeñas y medianas explotaciones que se ven condenadas a una situación de servilismo hacia grandes corporaciones. Si queremos un mundo rural vivo, necesitamos transformar tanto el sistema productivo como el de distribución y consumo. Porque no tenemos que comprar frutas y verduras “cansadas”, cuando las podemos conseguir en nuestra tierra y porque con nuestra compra podemos estar garantizando la supervivencia del campo andaluz y su gente”, ha declarado Berraquero.



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