Ola de calor y de realidad – ES


Me resultan bastante eficaces ciertas tácticas comerciales. Por ejemplo, cuando entro en una tienda y me ofrecen una muestra, para que pruebe, que se yo, un nuevo tipo de gazpacho sabor fresa, un botecito de jabón con olor a lavanda o el último grito en perfume con antimosquitos incorporado. Es cierto que me indigna la cantidad de plástico que llevan estas micro muestras de producto, pero como estrategia de marketing no tiene un pero: darte a aprobar una cantidad ínfima del producto para picarte y que veas lo que te espera si te compras el producto completo.

Estos días tengo esta misma sensación de estar probando una pequeña porción de una realidad que parece venirse encima. En el día cinco de una de las olas de calor más precoces y con temperaturas extraordinarias (42-43 ºC en muchos lugares, 10 a 15 ºC más altas de lo normal para estas fechas) y con los colegios aún llenos, con la mayoría de las trabajadoras en sus horarios habituales, los embalses tiritando, los precios de la energía y los combustibles por las nubes, la guerra en Ucrania a tope y las autoridades dando palos de ciego de manera reactiva; parece una muestra de un mundo, no solo un clima, que está patas arriba.

Preferiría que fuese una muestra de un nuevo zumo multifruta, pero no, esta muestra no tiene ninguna gracia, es un simulacro de cómo vamos a vivir en muchas zonas del mundo, incluida España, según la mejor ciencia. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) publicó a finales de febrero un informe de su  Grupo de Trabajo II, centrado en impactos, donde se compara la situación actual del clima frente a sus predicciones de hace 8 años. Desde la anterior evaluación, los riesgos climáticos están apareciendo con mayor rapidez y serán más graves que antes. El IPCC concluye que la mortalidad por inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces mayor en los países muy vulnerables durante la última década que en los de muy baja vulnerabilidad.

Tras esta ola de realidad, el IPCC publicó otro informe en abril, esta vez del Grupo de Trabajo III, centrado en soluciones, que debería desatar una ola de acción. El texto se puede considerar como un plan de rescate para la humanidad con soluciones climáticas que pueden y deben ponerse en marcha ahora mismo. El dinero debe dirigirse urgentemente de los problemas a las soluciones, hacia las energías limpias, hacia la eficiencia, el transporte sostenible, la agroecología y la gestión sostenibles de bosques y océanos. Pero sobre todo se debe evitar agravar el problema evitando que siga fluyendo más dinero privado y público hacia los combustibles fósiles.

«El dinero debe dirigirse urgentemente de los problemas a las soluciones, hacia las energías limpias, hacia la eficiencia, el transporte sostenible, la agroecología y la gestión sostenibles de bosques y océanos. Pero sobre todo se debe evitar agravar el problema evitando que siga fluyendo más dinero privado y público hacia los combustibles fósiles»

El IPCC no puede ser más claro, se acabó el juego para los combustibles fósiles que alimentan tanto las guerras como el caos climático. Simplemente no hay espacio para nuevos desarrollos de combustibles fósiles y las plantas de carbón y gas que ya tenemos tendrán que cerrar antes de tiempo. La energía solar y eólica se han convertido en las formas más baratas de producir energía, cambiando radicalmente las reglas del juego. Si se les permite, ahora pueden limpiar nuestro transporte, edificios e industrias a velocidades antes impensables. 

«El IPCC no puede ser más claro, se acabó el juego para los combustibles fósiles que alimentan tanto las guerras como el caos climático»

Me temo que esta ola de calor, como toda buena ola, debe traer más olas detrás, en este caso una ola de conciencia. Los científicos del IPCC también reconocen que la desinformación está contribuyendo a la inacción climática. Destacan el papel de la industria fósil promoviendo grandes campañas de publicidad verde, difundiendo falsas y dudosas soluciones y lavando su imagen haciendo de financiador de cultura, deportes, investigación universitaria, lobby político e instituciones económicas.

Toca quitarles el micro y la cámara a las industrias cuyo modelo de negocio está provocando daños irreversibles al planeta y a su población. Romper con la legitimación social de la que goza el poder fósil, prohibiendo sus campañas de publicidad y patrocinio. Para ello, se ha lanzado una iniciativa ciudadana europea (ECI) para exigir a la Comisión Europea que ponga coto a esas actividades, como ya se hizo con el tabaco, con las que la industria fósil sustenta su prestigio social y su poder sobre los gobiernos puede hacerse aquí.

 



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