Metano, el chapapote invisible – ES


Todas recordamos las imágenes dantescas grabadas en la retina de las playas gallegas, anegadas por petróleo crudo, el famoso y terrible “chapapote” que hace 20 años destrozó los ecosistemas costeros y marcó a una generación de gallegas y gallegos. O los vertidos que salían de la plataforma en llamas de Shell Deep Water Horizon en el Golfo de México. Quizás  se nos ha olvidado algo más actual, las fotos de animales marinos afectados por la fuga de petróleo de Repsol en Perú que inundaron los medios en febrero de este año. La realidad es que estas imágenes son solo una parte del instagram de los dramas ambientales de la industria del petróleo. 

28/11/2002. Muxia, A Coruña, Galicia, España.
Pescadores y voluntarios de Greenpeace recogen fuel del agua, como consecuencia del hundimineto del petrolero Prestige
©Greenpeace/Pedro Armestre

¿La explicación quizás obvia? Las distancias entre los lugares donde hay petróleo y donde se consume son enormes, y que todo el sistema de tuberías, barcos y refinerías es complejo y a la larga acaba fallando y vertiendo por algún lado por muy eficiente y segura que diga ser. La Industria fósil no lo dice abiertamente pero nos deja leer entre líneas una cruda realidad: estos vertidos son los daños colaterales de una industria sucia a la que estamos “enganchados”, la mierda que tenemos que comernos por tener combustibles “baratos” en nuestras gasolineras.  Lo único que podría considerarse “positivo” del “chapapote” es que es una sustancia líquida, negra, oleosa y que flota bastante en el mar, es decir se ve; cualquier fuga de cierta entidad se ve bien, pero que muy bien, y la opinión pública y la prensa reaccionan y suelen obligar a sus responsables a limpiar el desastre. 

Pero ¿qué ocurriría si todos los días hubiese vertidos de un chapapote que no abriese los telediarios de ninguna televisión? Unos vertidos de un chapapote gaseoso e invisible, incoloro, inoloro y que se dispersan con facilidad en la atmósfera… Desgraciadamente así son las fugas que tenemos a diario en todo el mundo ligadas a la infraestructura del combustible “de moda”, el mal llamado gas natural. Lo que ocurre es que el metano, componente fundamental del gas “natural”, hace un daño más sutil que el chapapote al planeta. No mancha las rocas ni ahoga a la fauna marina, pero tiene una vida de más de 100 años y es 84 veces más potente que el dióxido de carbono como gas de efecto invernadero durante sus primeros 20 años de vida en la atmósfera.  

Todos los días hay vertidos de un chapapote invisible, incoloro, inoloro… El metano.

 

Como el petróleo, el gas viaja en largas rutas internacionales, desde los yacimientos hasta los consumidores. Pero al ser un gas tiene que viajar comprimido a altas presiones o muy frío, en estado líquido. Por ello requiere de un sistema aún más complejo de pozos de extracción, grandes y largos gasoductos, estaciones de compresión, terminales de licuefacción (enfriado para convertirlo en liquido), barcos metaneros, plantas de regasificación (calentado para pasar de líquido a gas) y una red de miles de kilómetros de tuberías hasta que llega a viviendas y industrias. No es muy difícil imaginar que, al igual que las redes municipales de agua y alcantarillado pierden parte de lo que transportan, estas plantas, barcos y redes de gas también dejan escapar una parte de su contenido al ambiente. 

Una investigación reciente realizada por Unearthed y Greenpeace revela alarmantes fugas de gas de la infraestructuras de extracción y transporte de petróleo y  gas a Europa en Argelia. Argelia hasta el año pasado era el mayor suministrador de gas de España, solo superado este año por EEUU.  

Las imágenes del satélite con una cámara especial muestran columnas de metano de una estación de compresión de alrededor de 4,5 toneladas por hora 

El estudio se centra en la cuenca Hassi R’Mel, el campo de extracción de petróleo y gas más grande de Argelia y uno de los más grandes del mundo. Por las imágenes se estiman vertidos de entorno a 939,000 toneladas de metano el año pasado, un 67% más que en 2020. Para poner eso en contexto, esa cantidad de metano es aproximadamente equivalente a las emisiones anuales de 17 millones de automóviles estadounidenses. Además muestra que estos vertidos llevan ocurriendo desde hace décadas sin ningún indicio aparente para evitarlos.

Actualmente, con las mejoras tecnológicas de la imagen satelital (y sus limitaciones) han surgido numerosas investigaciones que demuestran que las fugas de metano en todo el mundo, no solo en Argelia, son un problema de primer orden. Primero porque las energéticas no informan de sus emisiones reales y, segundo, porque tienen muy pocos incentivos para dejar de emitir pues la revisión, mejora y contención de esas fugas suele ser más cara que los ahorros en el gas vertido. 

La realidad es que no existen proveedores sucios como Argelia frente a otro que pueda extraer gas limpiamente, es un problema estructural de usar gas como fuente de energia.

No se va solucionar introduciendo legislación y cláusulas en los contratos de suministro más dura. La única solución  para detener este el chapapote invisible (y el otro) es abandonar progresivamente los combustibles fósiles si queremos detener los peores efectos del cambio climático.

Francisco del Pozo Campos - autor del blog.

Francisco del Pozo Campos

Ingeniero Técnico Industrial especializado en mecánica, Graduado en Ingeniería Energética, Responsable de gas fósil en Greenpeace @fpozo28

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