Ucrania, 100 días de guerra – ES


Cien días después de que el presidente ruso Vladimir Putin anunciara una «operación militar especial» en Ucrania y tropas rusas invadieran el país bombardeando varias ciudades y tomando la central nuclear de Chernobyl, hoy los titulares siguen reflejando la gravedad que se está viviendo: el ejército ruso sigue atacando la región de Donbás, miles de toneladas de trigo se pudren en el puerto de Odesa, el precio de la energía, de los combustibles, de los alimentos se ha disparado y parece que ninguna de las partes se sentará a hablar en serio de paz mientras piensen que pueden ganar este conflicto en el que la población civil de Ucrania está sufriendo terriblemente, perdiendo su vida, sus pertenencias, su libertad.

La respuesta dada hasta el momento se inclina hacia un grave retroceso de los valores y principios basados en la paz y la democracia. La postura adoptada por los gobiernos construye una visión de la defensa europea que ya no pone el foco en el mantenimiento de la paz, sino en la seguridad nacional, marginando el concepto de seguridad humana de la ONU. Y, además, nos muestra con toda su crudeza que nuestro actual sistema económico nos hace vulnerables y nos lleva al abismo.

Un abismo para la gran mayoría de la población, pero no para las élites. Una investigación de Greenpeace ha sacado a la luz que las petroleras han ingresado en sus cuentas 3.000 millones de euros adicionales desde que comenzó la invasión de Ucrania. 30 millones al día, cada día. ¿Qué calificativo le podemos poner a estos beneficios? se me ocurren varios, todos ellos poco correctos.

Rusia es la mayor fuente de importaciones de combustibles fósiles de la Unión Europea. Gastamos hasta 285 millones de euros al día solo en petróleo ruso. España depende en torno al 10% de importaciones de gas y al 4% de petróleo de Rusia. En el caso del transporte, la dependencia energética de Rusia es brutal: uno de cada cuatro coches, motos, camiones o aviones que se mueven en Europa lo hacen utilizando combustible ruso. Todo ese dinero sale de nuestros bolsillos, cada día más menguados. El precio del gas usado para calentar siete millones de hogares en España, generar electricidad y fabricar bienes esenciales ha subido cuatro veces más que el año pasado.

El coste de los alimentos de nuestra cesta de la compra se ha disparado en parte debido al gran papel de Rusia y Ucrania en la exportación de cereales, oleaginosas o fertilizantes a todo el mundo. Una reciente investigación realizada por Ayuda en Acción en África, Asia, América Latina y Oriente Medio muestra que los precios de los alimentos se han triplicado en algunas de las comunidades con mayor riesgo y se habla de grandes hambrunas que están a punto de llegar. Y, entre tanto, en Europa el lobby agrícola industrial rico y poderoso está utilizando la guerra de Ucrania para alimentar un temor infundado sobre el empeoramiento de la inseguridad alimentaria y desmantelar las metas y objetivos sanitarios, climáticos y medioambientales consagrados en el Pacto Verde Europeo.

Así que, tras 100 días de sufrimiento, algunas cosas nos han quedado claras:

  • Hay que apoyar hoy más que nunca de forma decidida y valiente la paz. Aunque parezca que no está de moda, es la mejor solución.
  • Hay que anteponer las necesidades de las personas y la naturaleza a las de una economía impulsada por el crecimiento. Necesitamos reducir drásticamente la cantidad de recursos y energía que usamos y hacer la transición a una economía circular.
  • La emergencia climática ya nos indicaba que había que abandonar los combustibles fósiles, pero ahora es más urgente que nunca. Solo la reducción de la demanda de energía (ahorro y eficiencia) y el tránsito acelerado a un sistema energético 100% renovable nos hará verdaderamente libres de la dependencia de los combustibles fósiles y nuclear con los que nos chantajea Rusia.
  • Europa debe transformar su sistema alimentario y agrícola y crear un sistema sostenible y resiliente. Para ello, debe cambiar a una alimentación basada en alimentos de origen vegetal cuya producción y comercialización sea ecológica, local y de temporada.

Nadie se merece estos 100 días, pero eso ya no se puede cambiar. Ahora hay que seguir luchando para no tener ni un día más así, porque sabemos que las cosas pueden hacerse de otra forma. Nuestra solidaridad más profunda con todas las personas que están sufriendo.

Mariajo Caballero

Biológa especializada en Zoología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Dirección y Gestión de ONGs por ESADE. Adjunta a la Dirección de Programas en Greenpeace España. Twitter: @mjocaballero

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