Análisis y portavocías 100 días de guerra en Ucrania – ES


  • Greenpeace reitera que es preciso detener lo antes posible las importaciones de combustibles fósiles y uranio ruso
  • Ante el reciente anuncio de prorrogar tres meses el plan anticrisis, Greenpeace advierte de que hacen falta medidas coyunturales pero también cambios estructurales que acaben con la dependencia de los combustibles fósiles
  • Desde el inicio del conflicto, Greenpeace ha denunciado que la invasión de Ucrania ha demostrado que los combustibles fósiles alimentan las guerras
  • La subida imparable del precio de la energía y los combustibles, la propagación de la inseguridad alimentaria y el aumento de la inflación reflejan  los límites del actual modelo económico

Madrid, 2 de junio de 2022. A punto de cumplirse 100 días del inicio de la invasión rusa de Ucrania, Greenpeace reitera que, además de las dramáticas consecuencias para la población civil (1), esta guerra está poniendo de relieve una vez más la vulnerabilidad de un modelo económico basado en la explotación ilimitada de los recursos y reitera que es preciso detener lo antes posible las importaciones de combustibles fósiles y uranio ruso

Durante estos 100 días, Greenpeace ha llevado a cabo decenas de acciones en todo el mundo para pedir el fin de la violencia y denunciar los intereses que la alimentan y recuerda que la respuesta no puede ser un retroceso de los valores y principios basados en la paz, la democracia y la protección del medioambiente.

“Llevamos 100 días condenando la violencia en Ucrania y alertando de la subida imparable del precio de la energía y los combustibles, la propagación de la inseguridad alimentaria y el aumento de la inflación que nos da de bruces con la realidad de los límites del actual modelo económico”, ha señalado Sagrario Monedero, directora de Campañas de Greenpeace.La guerra en Ucrania está demostrando que la dependencia de los combustibles fósiles alimenta guerras. Nos ha hecho ver la fragilidad e insensatez del actual sistema alimentario. Nos ha alejado del camino de la paz acercándonos a un mundo más polarizado y militarizado. Esta guerra ha puesto una vez más encima de la mesa que la mayoría de las personas y el planeta siempre pierden frente a las crisis, y cómo éstas siguen enriqueciendo cada vez más a los que más tienen”.

Por último y ante el reciente anuncio del presidente Sánchez de prorrogar tres meses más el plan anticrisis (aprobado para paliar las consecuencias socioeconómicas de la guerra en Ucrania), Greenpeace advierte de que hacen falta medidas coyunturales para abordar las crisis pero también cambios estructurales que acaben con la dependencia de los combustibles fósiles que alimentan guerras, reformen el mercado eléctrico, eviten las falsas soluciones, reduzcan la cantidad de recursos y energía que se utilizan y  tengan en cuenta una fiscalidad verde y justa. Las crisis no pueden restar ambición a la lucha contra la emergencia climática o las desigualdades.

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Temas y personas expertas de Greenpeace disponibles para entrevistas y declaraciones:

Energía (combustibles fósiles)
La relación de los combustibles fósiles con la guerra de Ucrania es innegable. Sin ser un conflicto por el control directo de estas fuentes de energía sucia, lo cierto es que su compra-venta está financiando la guerra. Rusia es la mayor fuente de importaciones de combustibles fósiles de la Unión Europea. Europa gasta hasta 285 millones de euros al día solo en petróleo ruso. España depende de casi el 10% de importaciones de gas y un 4% de petróleo de Rusia. 

Sin embargo, como se plasma en el lanzamiento del plan REPowerEU de la Comisión Europea, en lugar de dar un giro inmediato a su política energética hacia un sistema 100% renovable, nuestros gobiernos buscan más gas en democracias dudosas como Nigeria, Qatar o Azerbayán. Además, el plan fomenta más infraestructura energética fósil que nos ata aún más a un modelo energético incompatible con la mitigación de la crisis climática. España, fruto de una planificación energética nefasta, tiene muchas plantas infrautilizadas para traer gas por barco. Nuestro gobierno pretende poner esta infraestructura al servicio de Europa montando un “hub” del gas . Este “hub” también incluye lanzar una serie de proyectos caros, lentos de construir que habían sido congelados por su falta de viabilidad económica y climática: gasoductos como el Midcat o el España-Italia, plantas regasificadoras como el Musel o las de Tenerife o Gran Canaria, etc.. 

Greenpeace propone que, en vez de simplemente cambiar de proveedores para seguir dependiendo del gas y de los combustibles fósiles, es el momento de acelerar la transición energética hacia las energías renovables y la eficiencia. Hay que impulsar las alternativas que permiten a la ciudadanía beneficiarse de las ventajas económicas y ambientales de las energías renovables, como el autoconsumo y las comunidades energéticas, aunque para que alcancen su verdadera dimensión deben eliminarse las barreras que las frenan, con medidas audaces como una reforma estructural del mercado eléctrico y el fin del poder del oligopolio energético. 

Francisco del Pozo Campos. Ingeniero Técnico Industrial especializado en mecánica, Graduado en Ingeniería Energética, Responsable de Energía en Greenpeace

Transporte
El sector del transporte sufre especialmente la dependencia energética de Rusia: uno de cada cuatro coches, motos, camiones o aviones que se mueven en Europa lo hacen utilizando combustible ruso. A pesar de ello, las medidas para desenganchar a Europa del petróleo son insuficientes, y hasta contraproducentes. La subvención de 20 céntimos a los carburantes puesta en marcha por el Gobierno de España está siendo aprovechada por las petroleras, que han ingresado más de 3000 millones adicionales cada mes desde el inicio de la guerra, según un análisis realizado por Greenpeace.

Las propuestas del Plan REpowerEU para el transporte se limitan a tibias recomendaciones que no impedirán que Europa sufra la dependencia del petróleo de Putin, incluso tras el veto parcial anunciado. Por eso desde Greenpeace se han lanzado 10 medidas a corto y medio plazo para reducir el consumo de petróleo, tales como prohibir los vuelos cortos, una mayor vigilancia de los límites de velocidad o sustituir el transporte de mercancías por carretera por transporte ferroviario. 

Adrián Fernández, Ingeniero de Obras Públicas, especializado en Transporte, Máster en Movilidad y Seguridad Vial por la Universidad Politécnica de Madrid. Responsable de Movilidad.

Sistema alimentario
La invasión de Ucrania, al igual que pasó con la crisis sanitaria de la COVID19, demuestra que nuestro sistema agroalimentario mundial está desequilibrado, que no es seguro. Cualquier “evento externo” pone en jaque la seguridad de nuestra alimentación. Por ello, debemos reconsiderar la forma en que se produce, se comercializa y se consumen los productos agrícolas. Es urgente replantear el modelo ya que el actual lo único que alimenta es la emergencia climática, la pérdida de biodiversidad y fomenta las enfermedades zoonóticas. 

La crisis sanitaria, la climática y las guerras ponen en jaque el actual sistema alimentario. Lejos de caer en manipulación y temores infundados, desde Greenpeace proponemos un conjunto de medidas para caminar hacia un modelo que asegure un sistema alimentario sostenible con las personas y el planeta: dos grandes líneas de trabajo. Menos productos de origen animal en nuestro plato y más de origen vegetal, así como invertir en alimentos, no en piensos y en agrocombustibles.

Mónica Parrilla de Diego. Ingeniera Técnica Forestal por la Universidad de Valladolid. Responsable de campañas en el Área de Biodiversidad.

Paz en tiempos de guerra
El contexto actual en Ucrania ha acentuado la preocupante tendencia de militarización global en la que nos encontramos en los últimos años. Según el informe anual de SIPRI, el gasto militar mundial durante el año 2021 ascendió a 2,11 billones de dólares, marcando un nuevo récord mundial que se alcanza año tras año. A tenor de los anuncios expresados por países como Alemania, Polonia o España desde que comenzó la invasión militar de Ucrania, cabe esperar que esta cifra aumente notablemente en el registro del próximo año.  

En una situación actual en la que la crisis económica acecha, la desigualdad social continúa aumentando y las políticas climáticas resultan insuficientes, cabe destacar el nefasto impacto que el aumento de los presupuestos militares tiene sobre los capítulos de inversión social o medioambiental, que quedan relegados a un segundo plano en favor de una seguridad que no considera estos aspectos. 

Javier Raboso, sociólogo por la Universidad Complutense de Madrid y activista de derechos humanos. Responsable de la campaña de Democracia y Cultura de Paz.

Nuclear: falsa solución y peligro
Rusia será uno de los principales beneficiarios de la inclusión prevista del gas y la energía nuclear en la lista de inversiones sostenibles de la UE, lo que dará a Vladimir Putin un mayor poder de negociación sobre la UE y le proporcionará dinero para alimentar la guerra en Ucrania, ya que Rusia suministra alrededor del 20% del Uranio a la UE, en el caso español es de casi el 40%, y el 45% del gas.

Es importante que Europa muestre solidaridad con Ucrania con acciones, no solo con palabras. ¿Qué tipo de señal envía la UE si pinta de verde el gas y la energía nuclear en Europa y sigue dependiendo de Rusia cuando sabemos que esto significará más dinero para que Putin continúe con la guerra?. 

Meritxell Bennasar, Licenciada en Tecnología Ambiental por la Universidad de Wolverhampton. Responsable de la campaña contra la energía nuclear.

Demandas de Greenpeace para responder a las consecuencias sociales, ambientales y económicas de la guerra de Ucrania

 



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