Los recortes en Metro y EMT contradicen a la UE – ES


  • El plan REpowerEU presentado por la Comisión Europea pide potenciar el transporte público para dejar de depender del petróleo ruso 
  • Sin embargo, en el último mes la Comunidad de Madrid ha recortado hasta un 15% el servicio en Metro de Madrid, mientras que el Ayuntamiento ha retirado autobuses de 16 líneas de EMT 
  • Greenpeace exige a los gobiernos de Ayuso y Almeida que reviertan los recortes en el transporte público y trabajen para reducir el uso del vehículo privado, tal y como exige la Comisión Europea

Las personas que elijan moverse por Madrid en transporte público tardarán más en llegar a su destino tras la reducción de los servicios de Metro y autobús decretada por la Comunidad y el Ayuntamiento y que, según Greenpeace, supone un deterioro del servicio inaceptable en la actual crisis energética. Unos recortes que suceden justo cuando la Comisión Europea, a través del Plan REpowerEU, insta a los gobiernos locales y regionales a que inviertan más en transporte público para reducir la dependencia de los combustibles fósiles procedentes de Rusia.

Ya en abril, el Gobierno regional presidido por Díaz Ayuso redujo hasta un 15% el servicio de Metro en varias franjas horarias, incluso en horas punta. A estos recortes de Metro se suma ahora la disminución de servicio en EMT Madrid con la reducción de la dotación de autobuses en 16 líneas por parte del Ayuntamiento, según ha denunciado el Comité de Empresa de EMT, que ha anunciado movilizaciones contra esta decisión a partir del jueves.

«Los recientes recortes en Metro y EMT implican mayores tiempo de espera, lo que repercute en una menor capacidad en las líneas y un aumento del grado de ocupación de los vehículos, justo cuando la demanda se acercaba a los niveles previos a la pandemia», ha declarado Adrián Fernández, responsable de movilidad de Greenpeace, quien ha señalado que «esta decisión es contraria a las demandas de la UE en materia energética, pues no solo agrava los problemas de contaminación y de emisiones que sufre Madrid, sino que también pone en riesgo la necesaria reducción del consumo de petróleo para poner fin a esta crisis».

Precisamente para atajar estos problemas, la Comisión Europea lanzó la semana pasada su plan REpower EU: un conjunto de medidas sin precedentes sobre energías renovables, industria, edificación y transporte para acelerar la descarbonización y reducir la dependencia de los combustibles fósiles, en especial de los procedentes de Rusia. En dicho plan de la Unión Europea figuran recomendaciones para que las ciudades y regiones contribuyan a sustituir los combustibles fósiles en el transporte, entre las que se incluye «un aumento en las inversiones de transporte público con el objetivo de reducir el uso del automóvil privado». [1]

 

Recomendaciones de la Comisión Europea recogidas en el plan REpower EU, donde se incluye un incremento de uso del transporte público y de la movilidad activa.

 

Greenpeace exige a los gobiernos de Ayuso y Almeida que reviertan estos recortes en el transporte público y trabajen para reducir el uso del vehículo privado, tal y como exige la Comisión Europea en su estrategia REpower EU. Desde la organización recuerdan que Madrid figura entre las 100 ciudades seleccionadas por la propia Comisión para ser climáticamente neutras de aquí a 2030 [2] y que, según datos del propio Ayuntamiento, en 2019 el tráfico rodado representaba más de un 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en la ciudad.

Hace apenas un mes Greenpeace presentó su análisis para desenganchar a Europa del petróleo con 10 medidas a corto plazo [3], entre las que figura incrementar la oferta de transporte público y mejores tarifas para toda la población, siguiendo el ejemplo de países como Austria o Alemania, que ha puesto en marcha un abono de 9 € al mes para animar a la ciudadanía a usar menos el coche. A pesar de ello, aquí nuestros gobiernos están optando por recortar el transporte público o bonificar el combustible, unas medidas erróneas que no solo agravan nuestra dependencia del petróleo ruso, sino también la crisis climática y la preocupante calidad del aire en ciudades como Madrid.



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