Soja para macrogranjas de la UE que destruye la naturaleza – ES


La ganadería industrial sigue aumentando en Europa. Asistimos a una concentración cada vez mayor de la producción cárnica en menos explotaciones, pero más grandes y más intensivas. 

Pero, ¿te has preguntado alguna vez qué comen los cientos de millones de pollos, cerdos y vacas de estas explotaciones industriales?

Pues piensos que contienen un montón de soja. Después de China, la Unión Europea es el segundo importador mundial de soja, con unos 33 millones de toneladas anuales de productos de soja procedentes del extranjero. Casi toda esa soja (al menos el 85%) se utiliza para alimentar a los animales. Este grano tiene una concentración de proteínas muy elevada y funciona como un esteroide que provoca un crecimiento rápido en el ganado. Gracias a esta «judía maravillosa», en Europa producimos mucha más carne, lácteos y huevos de los que podríamos comer nosotros mismos. A menudo nos limitamos a importar proteínas para exportar productos animales.

De paso, generamos muchas emisiones de gases de efecto invernadero – además de los generados en origen – incrementamos el gasto de un recurso cada vez más escaso como el agua y… la contaminamos con las ingentes cantidades de excrementos que estas fábricas de carne, leche y huevos también generan. Y España es un ejemplo de este desquiciante modelo. Somos líderes en la importación de soja, y somos líderes en la exportación de carne de porcino. Como premio, la Comisión Europea anunció el pasado diciembre que nos llevará ante el Tribunal de Justicia de la UE por la contaminación del agua por nitratos. ¿Merece la pena seguir apostando por este modelo destructivo?

Esta adicción a la soja también provoca que la ganadería industrial en Europa sea la responsable directa del uso de tierras de cultivo para producción de piensos en el resto del mundo: 11,9 millones de hectáreas. Eso es equivalente al tamaño de Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Dinamarca juntos. Por cierto, el 71% de las tierras agrícolas europeas ya se utilizan para alimentar al ganado y, en España, el 66%. Demasiado espacio para un consumo y exportación de carne que es insostenible.

La mayor parte de nuestra soja procede de Sudamérica, y especialmente de Brasil. Allí, la producción no sólo conduce a la deforestación y a la destrucción masiva de la naturaleza, sino también a conflictos sociales e incluso a la violencia, como ha revelado Greenpeace. Hoy en día, la mayor destrucción tiene lugar en el Cerrado brasileño, la sabana más biodiversa del mundo. Pero también grandes trozos de la selva amazónica se han convertido ya en plantaciones de soja. Estamos perdiendo ecosistemas únicos mientras comemos. Además, gran parte de esta soja es transgénica y contribuye al incremento del uso de glifosato, un tóxico herbicida.

En Europa, los Países Bajos son el mayor importador de soja y cerca del 60% de su soja importada procede de Brasil. El año pasado llegaron a los puertos de Rotterdam y Ámsterdam nada menos que 6,7 millones de toneladas de soja, harina y aceite de soja. Aproximadamente dos tercios de estos productos de soja se exportan a su vez a otros países europeos como España, Alemania, Bélgica y Dinamarca.

Este modelo agroalimentario está causando un enorme daño al planeta. No toda la soja brasileña que entra en la UE está relacionada con la deforestación y la destrucción de la naturaleza, pero hoy en día no hay forma de saber si un cargamento está limpio o no de deforestación. No hay normas que obliguen a las empresas a decir de dónde proceden sus productos. Por eso Greenpeace Holanda ha anunciado que tomará medidas contra un carguero de soja que acaba de salir de Brasil y se dirige al puerto de Ámsterdam donde llegará en los próximos días.

Y no solo soja. Cada año entran en nuestros puertos innumerables megabuques cargados de aceite de palma, carne y soja. Los Países Bajos son la puerta de entrada a Europa para la importación de materias primas y productos que destruyen la naturaleza y violan los derechos humanos.

A nivel europeo, se habla actualmente de una ley que podría poner fin a nuestra participación en estos abusos. Pero el actual proyecto de ley de productos libres de deforestación tiene algunas deficiencias cruciales, que permiten que continúe el comercio europeo de destrucción de la naturaleza. Por ejemplo, el proyecto de ley sólo protege los bosques, y no otras zonas naturales de importancia crítica como las sabanas que conforman el Cerrado brasileño. Casi la mitad de las importaciones de la UE de soja brasileña proceden de esta reserva natural. Los derechos humanos internacionales tampoco están suficientemente consagrados, lo que significa que las comunidades indígenas y locales, que son las que más sufren con el cultivo de la soja, a menudo no tienen sus derechos debidamente protegidos.

El Cerrado está desapareciendo rápidamente. La mitad ya ha sido destruida, en gran parte para dar paso a la soja para la alimentación animal y la producción de carne

Muchas de las normas propuestas en el proyecto de ley también son atacadas por las empresas que se benefician de la destrucción en curso. Parecen especialmente reticentes a la adopción de normas de transparencia que obliguen a las empresas a saber dónde se han cultivado sus productos o dónde han pastado sus vacas.

Una ley europea «antideforestación» sólida y rigurosa podría ser una parte importante de la solución. Pero en el caso de la soja, también tenemos que hablar de reducir drásticamente nuestra producción y consumo de carne, lácteos y huevos. Por el bien del clima, del agua, de la biodiversidad, de los pueblos indígenas que viven en zonas como el Cerrado brasileño, del bienestar animal y de nuestra salud…

¡Únete a nosotros!

Juntos, exigimos a nuestros ministros de la UE que elaboren una ley fuerte que detenga el consumo europeo de productos que contienen destrucción de la naturaleza.



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