• Prohibir los vuelos cortos, aumentar el transporte público o fijar nuevos límites de velocidad podrían reducir hasta un 28% del petróleo que compramos a Rusia
  • Si se adoptan las medidas propuestas, Europa evitaría el consumo de 40 millones de toneladas de petróleo, lo que equivale a 19.700 millones de euros
  • Greenpeace exige medidas inmediatas al Gobierno para reducir el consumo de petróleo en el transporte así como las emisiones perjudiciales para el clima que supone dicho sector

Greenpeace ha elaborado un plan para que Europa reduzca su dependencia del petróleo ruso —y del petróleo en general— con 10 medidas a corto y medio-largo plazo dirigidas al sector transporte. Entre ellas, prohibir los vuelos cortos, establecer límites de velocidad, hacer el transporte público asequible a todo el mundo y mejorar las infraestructuras para facilitar ir en bici y a pie.

Con las propuestas del análisis de Greenpeace, Europa podría reducir su dependencia del petróleo en 40 millones de toneladas, lo que equivale a 19.700 millones de euros. Así, Greenpeace calcula que Europa podría desengancharse del 28 % del petróleo ruso a través de cambios en el sector transporte, que es responsable del 70 % de todo el petróleo que se consume en la UE. Rusia es el mayor proveedor de petróleo de la UE: aproximadamente uno de cada cuatro desplazamientos que hacemos en coche, camión, avión u otros medios de transporte con motor diésel o gasolina se hacen con petróleo ruso.

Este descenso de la demanda de petróleo también serviría para impulsar la descarbonización del transporte, un sector que es responsable del 25 % de las emisiones en la UE. La aplicación de estas 10 medidas reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en unos 144 millones de toneladas al año, el equivalente a las emisiones de 93 millones de coches.

«Nuestra dependencia del petróleo para movernos a diario está sirviendo para financiar a Rusia en su guerra contra Ucrania. Para apoyar la paz es preciso reducir drásticamente nuestro consumo de petróleo, comenzando por prohibir los vuelos cortos, más teletrabajo e impulsar el transporte público y los desplazamientos a pie y en bicicleta», ha declarado Adrián Fernández, responsable de movilidad de Greenpeace España.

«Sin embargo, el Plan de Choque del Gobierno ha decidido ahondar en el problema a través de ayudas directas al combustible. Una medida que solo contribuye a incentivar el consumo de gasolina y a enriquecer a las petroleras, en lugar de promover un transporte descarbonizado que deje de financiar la destrucción de Ucrania», añade Fernández en alusión a la ayuda de 20 céntimos aprobada hace un mes.

El Plan de Greenpeace contempla 5 medidas a corto plazo que se podrían adoptar en pocos meses, incluso en días o semanas si no requieren legislación, centradas en los sectores del transporte que más petróleo consumen: turismos, camiones y aviación.

La prohibición de vuelos cortos donde haya una ruta equivalente en tren y la sustitución de viajes de negocios por videoconferencias podrían reducir casi la cuarta parte de todas las emisiones de la aviación en la UE, el modo de transporte más contaminante por viajero transportado. A nivel local, es necesario aumentar el número de servicios y conexiones en transporte público, así como mejorar las infraestructuras para bicicletas y viandantes, otorgando más espacio para las personas y menos para los coches.

Otra medida del análisis consiste en sustituir el transporte de mercancías por carretera por transporte ferroviario a través de incentivos financieros para que el ferrocarril sea más competitivo, y eliminando de forma gradual los beneficios que disfruta el transporte por carretera. Un problema que se extiende también a los automóviles, donde conducir menos y hacerlo de forma más eficiente son dos estrategias clave aplicables a corto plazo que pueden reducir de forma significativa la demanda de petróleo. Para lograr este objetivo Greenpeace pide promover el trabajo desde casa, nuevos límites de velocidad y políticas para compartir coche.

Además de estas medidas urgentes, Greenpeace hace un llamamiento a los líderes europeos para que adopten otras cinco medidas a medio y largo plazo, y así acabar con la dependencia del petróleo en el transporte para 2040. En concreto, se propone dejar de fabricar vehículos que usen diésel o gasolina antes de 2028, reducir los vuelos de medio y largo radio, impulsar el ferrocarril y el transporte público como modos más eficientes, establecer una cuota mínima de combustibles verdes basados en energía sostenible y renovable para el resto de aviones y medios de transporte y reducir el espacio que las ciudades dedican al vehículo privado (incluso al eléctrico) en favor de los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte público.

El Plan de Greenpeace se completa con una serie de principios sociales y financieros para asegurar la transición justa y evitar que las grandes empresas sigan sacando partido de la guerra y de la crisis energética. La organización ecologista recuerda que desde el inicio de la guerra las petroleras han registrado hasta 3.000 millones de ingresos extraordinarios por el alza de precios del combustible.

Por último, Greenpeace señala hasta cinco falsas soluciones tomadas por los Estados miembros y que solo contribuyen a perpetuar nuestra dependencia de los combustibles fósiles: sustituir el petróleo ruso por el de otros países, iniciar nuevas prospecciones petrolíferas en la UE, bajar los impuestos del combustible y bonificar su precio (como sucede en España con la ayuda de 20 céntimos), el empleo de agrocombustibles y los rescates incondicionales a las industrias del transporte y la energía, en relación a los más de 40.000 millones de euros en rescates y ayudas a las compañías aéreas tras la pandemia de Covid-19.



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