Otra cosmovisión frente a la guerra y el cambio climático – ES


En estas semanas se han ido dando a conocer las medidas para tratar de contener las consecuencias de la guerra de Ucrania en las economías europeas especialmente y también globales. Lamentablemente las propuestas ahondarán más la crisis ecológica y las desigualdades. Se da de lado al cambio climático, se desempolvan viejas propuestas extractivistas, hasta nucleares, y se apuesta por medidas que intenten contener las consecuencias macroeconómicas derivadas. 

Instalación de fracking junto a un cementerio en Texas, EEUU.

Instalación de fracking junto a un cementerio en Texas, EEUU.

Entre estas medidas está la bajada del precio de los combustibles. Ejemplo perfecto de medida que va en contra de la reducción de las emisiones que producen el cambio climático y que tampoco ayudará a largo plazo y menos a quiénes viven en peores condiciones. Pero se nos avisa de que son medidas pensadas en clave económica para contener el IPC, no tener problemas futuros con el pago de pensiones, etc. Se pretende tapar un agujero pero enseguida el agua empieza a salir por otro. Es lo que pasa cuando tienes toda la casa inundada y con la estructura ya muy tocada. En esta situación, ¿quién puede pararse a escuchar al IPCC y su último informe diciéndonos que nos quedamos sin tiempo, que la situación es verdaderamente dramática, en mitad de una guerra?

Hablar de la crisis ecológica es como ir nadando a contracorriente de forma permanente. Hablar de crisis ecológica en mitad de una guerra e intentar explicar que necesitamos apostar por la sostenibilidad más que nunca, es nadar en mitad de un mar en su peor tempestad.

Pero en realidad, esto no va de ecologismo, como la guerra tampoco va de que suban o bajen los precios de la gasolina. La guerra en Ucrania va de quienes mueren, de quienes no volverán a tener vidas dignas porque se han quedado sin nada, han sido violadas o se han visto obligadas a emigrar. Va de pérdida de libertades a todos los niveles. Y va de que al final del shock saldremos con dos vueltas de tuerca más a las desigualdades. Lo demás: estrategias al más alto nivel, nuevos proyectos de almacenamiento de gas o sanciones bancarias, sólo al servicio de las élites.

Refugiados guerra en Ucrania

05/03/2022. Terebleche, Ucrania. Los habitantes de Ucrania abandonan el país por la frontera de Siret, tras la escalada de bombardeos en sus ciudades. ©Pedro Armestre/Greenpeace

 

¿Por qué decimos entonces que hay que seguir hablando del cambio climático? 

Como decía la activista Naomi Klein hace unas semanas, necesitamos otras cosmovisiones que nos permitan salir de la cosmovisión fósil bajo la cual muchos piensan que podemos seguir funcionando como si nada hubiera cambiado, abandonar esta nostalgia tóxica bajo la cual se provocan y se seguirán provocando guerras. Una cosmovisión que no permite pararse en mitad de la tempestad a pensar hacia dónde quieres nadar y junto a quiénes. Hace unas semanas decía la presidenta de la Comisión Europea, refiriéndose al abastecimiento energético y a Putin, que no podemos depender en algo tan importante de alguien en quien no podemos confiar. Desde luego que no, pero ¿en quién podemos confiar? Y más relevante aún, ¿qué es lo importante y para quiénes? La guerra, y todo lo que provoca, va de todo esto. 

"Paz, no petróleo" protesta pacífica en el puerto de Bremen.

Activistas de Greenpeace sostienen una pancarta que dice «DEJAD DE FINANCIAR LA GUERRA» y pintan «Paz, no petróleo» en letras de dos metros en el costado del buque cisterna Seasprat de 40.000 toneladas, que transporta petróleo procesado desde el puerto báltico ruso de Primorsk. La acción en el puerto de Bremen es parte de una protesta contra las importaciones de petróleo de Rusia, que ayudan a financiar la guerra de Putin en Ucrania. © Axel Heimken / Greenpeace

Necesitamos con urgencia funcionar bajo otro paradigma, salir de esta cosmovisión tóxica. Como plantean los ecofeminismos, la vida en colectivo y junto al resto de seres vivos tiene que ser la base para esta reconstrucción. Y a partir de aquí, establecer prioridades, objetivos y mecanismos de apoyo. Necesitamos nuevos marcos mentales como agua de mayo y es nuestra responsabilidad y la de todas aquellas personas que podemos permitirnos dedicarle tiempo a esto generar mensajes y exigir medidas que, en lugar de seguir apuntalando a las élites, permitan transitar a medio y a largo plazo hacia el final de todas las guerras.

Esto supone dificultades, supone hablar de consumos, de materiales necesarios para la reconstrucción de la vida en común que ya prácticamente hemos esquilmado, de injusticias que hacen tambalear privilegios, de trabajos y saberes que son esenciales y otros que no lo son, pero es que a poco que tengamos una mirada amplia de lo que está pasando, nos daremos cuenta de que bajo este paradigma fósil no tiene cabida la vida digna de casi nadie y tras esta guerra vendrá otra. 

Parece entonces más necesario que nunca hablar de transición energética justa, de pérdida de biodiversidad, de sistema agroalimentario, de quienes son expulsados y masacradas y de que quienes pueden resistir y nos traen otra voz. Vamos a necesitar un mar en calma para sostenernos.



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