Barcos de Guerra – ES


Hoy en el puerto de Escombreras, está prevista una operación rutinaria: un petrolero, el Dugi Otok (de bandera croata), va a atracar en una dársena para vaciar su contenido contaminante en la refinería de Repsol. Sería algo normal si no fuese porque las 108.932 toneladas de crudo de su interior proceden de los Urales Rusos. Mañana también está prevista la llegada de otro petrolero, el Minerva Eleonora, de bandera griega pero con 103.622 toneladas de crudo también de Rusia. Estos cargamentos periódicos de crudo son habituales. Lo que no quita que hacer negocio con ellos está provocando la crisis climática. Y en particular los que vienen de Rusia, además, están alimentando la maquinaria de guerra del gobierno ruso.

«El cambio climático inducido por el hombre y la guerra en Ucrania tienen las mismas raíces: los combustibles fósiles y nuestra dependencia de ellos»

Dijo la climatóloga ucraniana Svitlana Krakovska mientras Rusia, uno de los mayores productores de petróleo y gas del mundo, estaba invadiendo su país. En ese momento, se dirigía al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático desde su casa en Kiev, pero tuvo que retirarse de la sesión de aprobación del último informe cuando las bombas comenzaron a caer sobre su ciudad. Un mes después, la guerra en Ucrania se ha convertido en una enorme crisis humanitaria con más de 4,5 millones de personas que han huido del país y otros aproximadamente 13 millones de personas que no pueden salir y tienen acceso limitado a alimentos, agua y atención médica.

Protesta pacífica en lo alto de una grúa de construcción con vistas al Parlamento sueco.

Activistas nórdicos de Greenpeace protestan pacíficamente sobre una grúa de construcción con vistas al parlamento sueco. Los activistas montaron una pancarta de 30 metros de largo con el mensaje «La gente quiere la paz: dejad de financiar la guerra» dirigida a los responsables políticos suecos. © Greenpeace / Christian Åslund

 

Los combustibles fósiles alimentan la guerra en Ucrania

Hay una relación directa entre los combustibles fósiles y la maquinaria de guerra rusa. Por ejemplo, Rosneft, una de las principales compañías petroleras de Rusia, es también una de las principales proveedoras de combustible para el ejército ruso. Rosneft además suministra petróleo a empresas como BP. Por lo tanto, cada vez que se compra petróleo o gas ruso, no solo se están aportando fondos para la guerra (entre el 24% y el 36% del presupuesto del gobierno ruso procede de la venta de combustibles fósiles), sino que se contribuye a mantener la maquinaria militar en funcionamiento. Según los informes, Rosneft y la empresa subsidiaria Rosneft-Aero y Transneft suministraron combustible al ejército ruso antes y durante la invasión. [1]

Para detener esta guerra, necesitamos una desinversión global y un embargo inmediato sobre los combustibles fósiles rusos, así como la entrega urgente de ayuda humanitaria a quienes la necesitan.

 

Los combustibles fósiles tienen una larga historia ligada a la guerra

La lucha por los recursos energéticos ha sido un factor destacado en muchos conflictos recientes, incluida la Guerra Irán-Irak de 1980-1988, la Guerra del Golfo de 1990-1991 y la Guerra civil sudanesa de 1983-2005. Greenpeace se ha pronunciado sobre este tipo de conflictos en el pasado, especialmente durante la última guerra de Irak.

La guerra del Golfo de 1990 fue en gran medida un conflicto por el petróleo. La política de precios y los ingresos del petróleo fueron condicionantes y proporcionaron a Irak el pretexto para invadir Kuwait. Además, aunque el petróleo no fue la única razón para la invasión, fue un poderoso motivo para que Estados Unidos y sus aliados actuaran rápidamente para proteger su acceso y el de los países de la OCDE a importantes reservas de petróleo. Por otra parte, la explotación de petróleo a gran escala por parte de empresas extranjeras que operan en Sudán del Sur ha aumentado los abusos contra los derechos humanos y ha exacerbado el prolongado conflicto en Sudán, que ha provocado la muerte de dos millones de personas y el desplazamiento de cuatro millones desde 1983, así como hambrunas recurrentes y epidemias.

Pero hay más ejemplos de la relación estrecha entre combustibles fósiles y la industria de la guerra: Según una investigación realizada en 2021 por las oficinas de Greenpeace en Italia, España y Alemania, casi dos tercios de todas las misiones militares de la UE supervisan y aseguran la producción y el transporte de petróleo y gas a Europa. En concreto, los gobiernos de Italia, España y Alemania han invertido más de 4.000 millones de euros para proteger los combustibles fósiles (que destruyen el clima) desde 2018.

"Paz, no petróleo" protesta pacífica en el puerto de Bremen.

Activistas de Greenpeace sostienen una pancarta que dice «DEJAD DE FINANCIAR LA GUERRA» y pintan «Paz, no petróleo» en letras de dos metros en el costado del buque cisterna Seasprat de 40.000 toneladas, que transporta petróleo procesado desde el puerto báltico ruso de Primorsk. La acción en el puerto de Bremen es parte de una protesta contra las importaciones de petróleo de Rusia, que ayudan a financiar la guerra de Putin en Ucrania. © Axel Heimken / Greenpeace

 

El comercio de combustibles fósiles está apuntalando un sistema injusto

Para ayudar a garantizar la paz y detener la crisis climática, los gobiernos deben reducir su dependencia de los combustibles fósiles y eliminar su uso de inmediato. Hoy en día, la economía mundial sigue funcionando en gran medida con combustibles fósiles, que siguen representando más del 81 % de la dieta energética mundial.

Esta adicción a los combustibles fósiles pone la seguridad energética y la acción climática a merced de la geopolítica. Los gobiernos no pueden pretender defender la paz si continúan financiando la guerra. Y pasar del petróleo y el gas rusos al petróleo y el gas de otros países con antecedentes cuestionables en materia de derechos humanos, como Venezuela o Arabia Saudita, solo cambiará el poder geopolítico de un opresor a otro.Estos desequilibrios de poder pueden llevar a que los países actúen con impunidad. Por ejemplo, en las conversaciones climáticas globales de la COP26, los principales productores de petróleo y carbón, como Arabia Saudita y Australia, obstaculizaron los esfuerzos para incluir la eliminación de los combustibles fósiles en el texto final. Por otro lado, países como Rusia y los Estados Unidos, no son miembros de la Corte Penal Internacional que procesa crímenes de guerra.

Manifestación contra la guerra de Ucrania, en la Plaza de los Héroes de Budapest.

Miles de personas forman un enorme signo de paz para protestar contra la invasión de Ucrania y expresar su compasión por las víctimas inocentes de la guerra en la Plaza de los Héroes de Budapest. © Bence Jardany / Greenpeace

 

No se puede confiar en las empresas de combustibles fósiles

Una cosa que parece que no acabamos de entender, quizás por la sobredosis de publicidad verde, es que no podemos confiar en estas empresas. Como ejemplo aquí tenemos la cronología del cinismo de Repsol: 

  • Primero: Repsol anunció a principios de Marzo que ya en enero de 2022 había vendido todo su negocio en Rusia, donde contaba hasta el año pasado con dominios de exploración equivalente de 3.519 kilómetros cuadrados. 
  • Segundo: por esas fechas Repsol también anunció que había detenido las compras de crudo y productos petrolíferos rusos en respuesta a la guerra  en Ucrania. 
  • Tercero: también ha anunciado que aunque tenga suscrito un mega contrato de suministro de gas de Siberia con la empresa rusa Novatek durante 15 años, solo pretende aplicarlo a gas de fuera de Rusia.
  • Cuarto: Hace unos días Repsol declaró ante la revista especializada Angus Media que su declaración de Marzo solo se refería a comprar crudo ruso en el mercado spot o de corto plazo, pero pretendía continuar con los contratos a largo plazo existentes. De estos contratos salen cargamentos como el del Dugi Otok o el Minerva Eleonora.

Por lo visto, Repsol, con una estrategia mediática muy calculada, tiene previsto seguir importando petróleo y gas de la guerra, aunque anuncie lo contrario

Más allá de la petrolera patria, la cosa no es muy diferente con las demás petroleras: Shell compró petróleo de Rusia después de la invasión, aunque en ese caso la presión popular y mediática consiguió que Shell se disculpara y se comprometió a cortar los lazos con Rusia. Otras compañías petroleras como BP y Total Energies también prometen desinvertir en Rusia, al  estar también directamente vinculadas a la guerra de Ucrania. 

Al igual que las grandes tabacaleras, estas empresas aprovechan cualquier oportunidad para seguir vendiendo sus productos sucios. A menos que sigamos señalando su sucio modelo de negocio, seguirán beneficiándose del conflicto y agudizando la crisis climática.

 

La energía renovable es un camino hacia la paz

Para conseguir un mundo más justo y pacífico, necesitamos que los países reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles. Para hacer una transición rápida, los países ricos deben empezar reduciendo su demanda de energía y maximizar la eficiencia energética. Y en paralelo apostar por satisfacer sus necesidades energéticas restantes con energía renovable.A diferencia de los combustibles fósiles, es menos probable que la energía renovable alimente las luchas de poder geopolíticas o la desigualdad, ya que su infraestructura tiene el potencial de estar en gran parte localizada en cada región. Esto a su vez podría ayudar a reducir el comercio con países con antecedentes cuestionables de derechos humanos. La energía renovable localizada también podría ayudar a proteger a los consumidores de las crisis de precios como la crisis energética global que estamos viendo hoy.

Voluntarios instalando placas solares

Los voluntarios instalando el primer panel solar. Entre el 10 y el 18 de septiembre, 12 voluntarios se forman en energía solar fotovoltaica. La formación finaliza con una instalación fotovoltaica en la azotea de la oficina de Greenpeace en Kinshasa. El taller está organizado por Greenpeace África y el Centro de Apoyo a la Juventud de Greenpeace Suiza. © Greenpeace / Crispin Assimbo Bosenge

 

Salvaguardar la seguridad energética y el clima

La combinación de energía renovable y eficiencia energética es la mejor estrategia para la seguridad energética. Si se aprovecha el potencial de estas dos soluciones, la demanda mundial total de energía podría reducirse hasta en una cuarta parte para 2030. Las medidas de eficiencia energética representarían de la mitad a las tres cuartas partes del ahorro total de energía, y las energías renovables proporcionarían el resto. Esto podría tener enormes implicaciones para salvaguardar el clima.

Una transición rápida y justa hacia las energías renovables es posible. La instalación de capacidad renovable es mucho más rápida que la construcción de una nueva infraestructura de combustibles fósiles: por ejemplo, en el Reino Unido se tarda una media de 28 años en desarrollar un nuevo pozo de petróleo, frente a los días  que se tarda en instalar paneles solares en un edificio (aunque se pueden añadir meses para los trámites administrativos necesarios). Y si se invierte en más energías renovables, se convertirá en una opción aún más económica y viable

Esta es una oportunidad para que los gobiernos rompan el ciclo de destrucción de los combustibles fósiles y hagan la transición a un futuro verde y pacífico. Los gobiernos deben actuar por la paz y por un clima seguro con una transición a la energía eficiente, democrática y sobre todo renovable lo más rápido posible.

 

 

Referencia:
[1] Según un informe de 2017 publicado por la empresa en ruso, las empresas del grupo Rosneft suministraron al Ministerio de Defensa de Rusia, al Comité de Investigación de la Federación de Rusia, al Ministerio de Emergencias de Rusia, al Ministerio del Interior de Rusia, a la Guardia Rusa y era en ese momento era el único proveedor de combustibles de la Guardia Nacional, que se ha desplegado en la frontera con Ucrania.



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