¿Has visto alguna vez un anuncio publicitario de productos cárnicos con una macrogranja de fondo? ¿A que no? Sin embargo, la inmensa mayoría de la carne, leche y huevos que se produce en España proviene de la ganadería industrial, de macrogranjas como esta de El Pozo.
La publicidad de la carne nos muestra un mundo feliz en el que domina el color verde y está poblado de animales criados en libertad en exuberantes pastos y granjas idílicas. En este mundo, los niños y niñas se mueren por las salchichas de los perritos calientes, los hombres «de verdad» devoran la carne roja mientras que las mujeres comen finas lonchas de pollo o pavo para mantenerse sanas. En este mundo, comer carne es lo que une a la gente. Sin embargo, tras este sueño que la industria cárnica nos vende y ha construido cuidadosamente se esconde una realidad bien distinta.
Nuevo informe de Greenpeace
En el informe “Los siete mitos del marketing de la carne”, que lanzamos hoy desvelamos las tácticas con las que la industria cárnica busca aumentar el consumo de carne y otros alimentos de origen animal, a pesar de su enorme contribución a la crisis climática y muchos otros impactos ambientales, como la deforestación o el elevado consumo de agua y su contaminación o de que su consumo excesivo tiene graves repercusiones para la salud. Esto es aún más preocupante en España, ya que encabezamos el consumo de carne en Europa, con unos 275 gramos de carne por persona al día, cuando las recomendaciones científicas para una dieta sana y sostenible establecen un máximo de unos 300 gramos a la semana. ¡En un día consumimos casi tanto como lo recomendado para toda una semana!
En este informe analizamos más de medio centenar de marcas de carne de seis países europeos, entre ellos España, para destripar cómo la industria cárnica nos manipula hacia el consumo excesivo de sus productos. Analizamos, entre otras, la publicidad de El Pozo, Campofrío, Grupo Coren, pero también la campaña Hazte Vaquero, promocionada por Provacuno (la interprofesional de la carne de vacuno) y la campaña Let’s Talk about Pork, promocionada por Interporc (la interprofesional de la carne de cerdo).
¿Quieres ver algunos ejemplos?
Te dejamos aquí varios ejemplos de algunos anuncios que representan cada uno de los siete mitos y de lo que nos pretenden convencer:
– El mito verde: la carne industrial no es parte del problema de la crisis ambiental
Este tipo de imágenes, como esta del Grupo Coren, España, muestra paisajes bucólicos para asociar sus productos a la naturaleza. Este caso, además, apela también a la identidad territorial.
– El mito de la salud: la carne es imprescindible por su aporte de proteínas.
Estos ejemplos de Casa Tarradellas y El Pozo, tratan de transmitir la idea de que la carne industrial es sinónimo de salud, a pesar de que la ciencia indica lo contrario.
– El mito de la masculinidad: comer carne (roja) te hace más un hombre
¿Qué hay más ‘macho‘ que un auténtico vaquero? Este ejemplo de Provacuno, la asociación de productores de carne de vacuno, muestra (con financiación de la UE) que la carne es sinónimo de masculinidad y, en este caso, además, de salud.
– El mito de la buena mujer: las buenas mujeres preparan y sirven carne a su familia
Estos ejemplos de algunas marcas europeas, como Indykpol, Polonia, muestran a la mujer como ‘buena madre’ y ama de casa por servir a la familia diferentes productos de carne industrial.
– El mito de la identidad nacional: comer carne es un acto patriótico
Estos ejemplos de Francia y Suiza apelan al sentimiento patriótico como enganche para defender y promover el consumod e carne con el prestexto de que es un producto autóctono.
– El mito de la camaradería: comer carne une a las personas
Estos anuncios de Casa Tarradellas o Campofrío son buenos ejemplos de cómo el marketing cárnico quiere trasladar la idea de que el consumo de carne es sinónimo de unión familiar o amistad.
– El mito de la libertad: comer carne es libertad de elección
Este ejemplo de McDonalds Francia puede ejemplificar bien la idea de que el consumo de carne es sinónimo de libertad e independencia.
De la infancia a la identidad sexual
Para empeorar las cosas mucha de la publicidad de la industria cárnica está dirigida a algunos de los grupos más vulnerables de la sociedad: a los niños y niñas, cuyos cerebros aún se están desarrollando y por lo tanto no son completamente capaces de procesar la información que tienen delante, a los adolescentes y personas adultas jóvenes que podrían estar luchando con su identidad sexual y a padres y madres que quieren lo mejor para su prole.
Es urgente que reduzcamos nuestra ingesta de alimentos de origen animal, pero es responsabilidad de las autoridades públicas asegurarse de que nuestros esfuerzos no se ven frustrados por el bombardeo engañoso de la publicidad de la carne.
El manual de estrategias de marketing utilizado por la industria de la carne no es diferente del implementado por las industrias del tabaco o el alcohol. Si la publicidad de tabaco y alcohol ha sido altamente regulada para el bienestar de la sociedad, ¿no deberían aplicarse restricciones similares a la publicidad de la carne?
Este informe llega un día después de que Greenpeace España haya lanzado una campaña en marquesinas, autobuses y otros soportes de mobiliario urbano para recordar al gobierno de Pedro Sánchez que la verdadera recuperación económica verde y justa necesita de transformaciones sistémicas, incluido el actual sistema agroalimentario.
Si tu también piensas que Menos carne es más futuro, firma nuestra petición para acabar con el destructivo modelo de ganadería industrial. Más de 265.000 personas ya lo han hecho… pero ¡nos faltas tú!
INFORME COMPLETO AQUÍ
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