COP26: un problema para la humanidad, un momento para la acción – ES


  • Esta cumbre es el momento político más importante para abordar la crisis climática desde el encuentro de París, donde se fijó el límite al aumento de la temperatura en 1,5ºC
  • Ante el continuo aumento de las emisiones de los países ricos, Greenpeace reclama planes ambiciosos para reducirlas a la mitad en 2030 y el rechazo de los planes para abrir un mercado mundial de compensaciones de carbono
  • Además, Greenpeace pide el cese inmediato de los nuevos proyectos de combustibles fósiles y 100.000 millones de dólares anuales para que los países menos desarrollados se adapten a los impactos de la crisis climática

 

La conferencia sobre el clima de Glasgow es “una prueba de quiénes somos como humanos”, según la directora ejecutiva de Greenpeace Internacional, Jennifer Morgan.

La COP26, retrasada por la pandemia, se inaugura el domingo, y los líderes mundiales se reunirán en la ciudad escocesa el lunes y el martes. La conferencia es el mayor momento político para abordar la crisis climática desde que los gobiernos se reunieron en París hace seis años. Aunque el Acuerdo de París fijó el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C, es en Glasgow donde el mundo debe ponerse de acuerdo sobre cómo conseguirlo.

Las conversaciones sobre el clima tienen lugar en medio de la pandemia de COVID19, que sigue abrumando a los gobiernos. La confianza es escasa y la tensión es alta entre los países en desarrollo, debido a la gran desigualdad en el despliegue de la vacuna contra la COVID y a la resistencia del norte global a la llamada “exención de los Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC)”, que eliminaría las barreras a una mayor producción y a una asignación más justa de las vacunas. Con las promesas que no se cumplen y el lavado de cara verde, el cambio climático sigue afectando más a los más vulnerables, mientras que las emisiones de carbono de los países ricos aumentan rápidamente.

“París fue la fiesta de compromiso, pero ahora estamos en la boda, a la espera de ver si los países y las empresas claves están dispuestos a dar el ‘sí, quiero’. En Glasgow necesitamos ver un compromiso real, una ambición real y una acción real, ya que han faltado las tres cosas en el período previo a la conferencia. Aunque las próximas dos semanas darán muchos giros, no es demasiado tarde para que los líderes acuerden un plan de acción transformador y detallado”.

“Glasgow es una prueba de lo que somos como humanos. Sabemos todo lo que necesitamos saber sobre la crisis climática: las causas y los impactos, las trampas y las soluciones. Si cooperamos auténtica y respetuosamente como especie, podemos ganar un futuro más seguro, más justo y más verde para todos. Pero gobiernos regresivos como el de Australia, el de Brasil y el de Arabia Saudí vendrán a Escocia con una bola de demolición que intentarán pasar por las conversaciones sobre el clima. Todas las empresas y los gobiernos que piensen en aliarse con ellos deben saber que quedarán en evidencia y que no se les perdonará fácilmente”, explica Morgan, una de las pocas personas que ha estado en todas las 25 COP anteriores, desde Berlín en 1995.

El Acuerdo de París estableció el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5C, pero los gobiernos que lo firmaron no están prometiendo los recortes de emisiones necesarios para hacerlo realidad. Esto debe cambiar en Glasgow. En la COP26 el mundo puede retomar el camino, pero es necesario que ocurran algunas cosas importantes.

Greenpeace pide:

  • Una declaración de cese inmediato de todos los nuevos proyectos de combustibles fósiles.
  • Planes ambiciosos de reducción de emisiones por parte de los líderes mundiales para que reduzcamos a la mitad las emisiones globales en 2030
  • Rechazo de los planes para abrir un mercado mundial de compensaciones de carbono (son una estafa y no funcionan) y compromiso con normas que fomenten la cooperación internacional transformadora.
  • La confirmación de que 100.000 millones de dólares anuales irán de los países ricos a los países menos desarrollados para adaptarse a los impactos de la crisis climática, desarrollar sistemas de energía limpia y hacer la transición para abandonar los combustibles fósiles. Y además, más dinero para compensar los daños que ya están causando los impactos climáticos en los países menos desarrollados.

“La COP26 debe declarar el fin de la era de los combustibles fósiles. Nos preocupa el poder de las empresas energéticas y cómo están hacen lavado verde a través de su publicidad y patrocinios para posicionar el gas, junto con otras falsas soluciones, como combustible para la transición energética”, ha declarado Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace: “Por eso, desde Greenpeace hemos lanzado una iniciativa para prohibir la publicidad y patrocinios de los combustibles fósiles. Tenemos que conseguir un millón de firmas para que Europa regule sobre este asunto, y conseguir lo que ya se consiguió con el tabaco: prohibir la publicidad de los que dañan nuestra salud”.

“He estado en todas las COP, pero nunca antes había habido una que estuviera definida por tal contraste. Por un lado, vemos a personas y naciones que luchan por su propia existencia, mientras que a su lado se sientan gobiernos e industrias decididos a exprimir unas cuantas décadas más de lo mismo, sin importar el insoportable sufrimiento que están causando. Su falta de empatía es tan extraordinaria como vergonzosa. Si Glasgow no sigue nuestro camino, si la humanidad y la naturaleza no tienen una prioridad tangible ante la especulación contaminante, no nos rendiremos, sino que nos haremos más fuertes. Juntos, los muchos millones de personas que forman el movimiento por el clima, seguiremos luchando por la acción y la justicia. Un mundo más seguro, más verde y más justo está en el horizonte. Si los líderes mundiales son sabios, aprovecharán este momento”, concluye Morgan.

 



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