Cómo convertir una ciudad europea más habitable para las personas (y no para los coches) – ES


Para reducir la contaminación en las ciudades y frenar los gases de efecto invernadero, los coches deben ser la excepción en las ciudades, y no la regla. Nuestra compañera Lorelei nos cuenta qué políticas serán necesarias a escala local, nacional y Europea para conseguir este objetivo.

Cuando hace 11 años llegué por primera vez a Bruselas, un domingo por la mañana, quedé impresionada al descubrir una ciudad sin coches. El sol brillaba (pese a ser Bélgica), había niños jugando en la calle mientras en la acera la gente joven vendía ropa de segunda mano. Los pocos vehículos que había eran tranvías y autobuses. Al principio pensaba que cada domingo en Bruselas era así, pero después las calles estaban atestadas de coches. Entonces me dí cuenta que mi llegada coincidió con el Día Sin Coches.

Una década después, la situación ha mejorado un poco en Bruselas y en otras capitales como París, Berlín o Madrid. Se ven muchas más bicicletas, se han creado zonas peatonales e incluso hay padres que llevan a sus peques en bici. Aun así, tenemos un largo camino por delante porque la movilidad sigue centrada en los coches, todavía muy contaminantes. Sobra decir que fuera de las ciudades, en las zonas rurales, la situación es aún peor, con muchas menos opciones de transporte sostenible y accesible.

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Coches, sobretodo SUVs, de Volkswagen en las calles de Berlín.

¿Por qué es urgente transformar nuestras ciudades?

Cada vez dependemos más de los coches. El número total de automóviles en Europa alcanza ya los 264 millones en 2017, un 25% más que en 2000, y además se usan más y recorren distancias más largas.

Y aunque hay más coches, el acceso a la movilidad está lejos de ser equitativo. Un 20% de la población carece de transporte público en las ciudades. Muchos sufrimos la falta de vías seguras para ir en bicicleta, y quienes no pueden permitirse comprar un coche se ven relegados a alternativas a veces muy lentas y/o poco eficaces.

Mientras otros sectores reducen sus emisiones, los coches están impulsando notablemente las emisiones del sector transporte. En 2018 el transporte representaba el 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Europa; solo el automóvil está detrás del 12% de todas las emisiones GEI. El tráfico rodado es también uno de los principales motivos de la contaminación atmosférica que causa 400.000 muertes prematuras al año en Europa.

Normalmente, son los gobiernos estatales, autonómicos y sobre todo los municipales los que deben trabajar para re-diseñar la movilidad urbana, reducir el uso del coche y facilitar que se pueda ir andando, en bicicleta, en transporte público y alternativas de alquiler. Pero la UE tiene un papel muy importante.

¿Qué puede hacer la UE?

En 2013 la Comisión Europea emitió un Paquete de Movilidad Urbana con recomendaciones a los estados miembros. Pero al no ser de obligado cumplimiento, muchos países y ciudades lo dejaron de lado, ignorando los Planes de Movilidad Urbana diseñados para reducir el uso del coche.

La Unión Europea puede actuar de múltiples maneras para que las ciudades estén diseñadas para las personas, y no solo para los coches, planificando e implementando políticas de movilidad que reduzcan las desigualdades.

1. Exigir a las ciudades europeas que desarrollen Planes de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS)

Como parte del próximo Marco de Movilidad Urbana de la UE que se publicará a finales de 2021, la Comisión Europea debe asegurar que las ciudades promuevan un cambio modal de los coches a los modos sostenibles a través de PMUS alineados con el objetivo de 1,5ºC del Acuerdo de París. Las entidades locales que no tengan dichos planes no deberían acceder a los fondos europeos.

Dichos planes deben incluir la reducción de los trayectos innecesarios, reducir el espacio dedicado al tráfico rodado (aparcamientos, carriles…) e incrementar las zonas peatonales y los espacios verdes. Desplazarse en bicicleta, incluyendo las bicicletas de carga, debe ser más fácil y seguro. Las aceras y el transporte público han de ser accesibles para todas las personas con independencia de su condición física.

2. Más fondos para las soluciones, no para quien causa los problemas

Estamos inmersos en una emergencia climática que requiere políticas coherentes. No podemos seguir permitiendo que la UE hable de promover la bicicleta mientras instituciones como el Banco Europeo de Inversiones sigue regando de millones la construcción de nuevas autopistas, pese al efecto nocivo que supone promover el coche. El dinero público debe priorizar acciones alineadas con los objetivos climáticos, promoviendo la intermodalidad, facilitando caminar o ir en bici e impulsando el transporte público en lugar de construir más carreteras.

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Activistas de Greenpeace organizan un ‘accidente automovilístico’ en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) en Madrid para exigir que los automóviles diésel y de gasolina se eliminen gradualmente en un plazo de 10 años.

3. La UE debe decir adiós a los coches diésel y gasolina

La Comisión Europea propuso el pasado mes de julio acabar con la venta de vehículos de combustión en 2035, pero esta fecha llega 7 años más tarde de lo necesario para limitar el calentamiento global a 1,5ºC y frenar la crisis climática. Los fabricantes deben responsabilizarse del daño causado sin más retrasos, o nuestros pulmones seguirán sufriendo por muchos carriles bici que se construyan.

Sustituir cada coche actual por uno eléctrico tampoco es una solución sostenible. Necesitaremos coches eléctricos para cubrir las necesidades de transporte que no puedan atenderse de otro modo, pero la UE debe dejar de pensar que sólo cambiando la tecnología de los coches será suficiente para alcanzar las metas del Acuerdo de París.

¡Hazte oir!

Colocar a las personas y la naturaleza, y no a los coches, en el centro de la planificación urbana no solo transformará nuestras ciudades, sino que ayudará a proteger el clima. La Comisión Europea ha lanzado una consulta para el futuro marco de movilidad urbana disponible hasta el jueves 23 de septiembre. Si tienes un par de minutos, no pierdas la ocasión de participar y contarle a la UE en qué ciudad quieres vivir.

No te olvides de pedir lo mismo a tu alcalde o alcaldesa: los cambios empiezan en lo pequeño para que se contagien a lo grande.

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Escrito por Lorelei Limousin, responsable de la campaña de clima y transporte en Greenpeace EU donde trabaja para transformar la movilidad europea hacia un modelo que tenga en cuenta las necesidades de las personas y el medio ambiente y traducido por Adrián Fernández, responsable de la campaña de movilidad de Greenpeace España.



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