Y ahora ¿qué pasa con Madrid Central? – ES


El futuro de Madrid Central está en juego. Si prosperan los planes del Ayuntamiento de Almeida, la Zona de Bajas Emisiones de Madrid podría sufrir cambios… ¡hasta cambiar de nombre! Y todo envuelto en una polémica con sentencias judiciales, nuevas normas y concejales tránsfugas que dificulta entender lo que pasa.

Pero, ¿está vigente Madrid Central o no? ¿Qué coches podrán acceder? Si vives en Madrid quizás te estés haciendo estas preguntas. Y si no, también te interesa seguir leyendo porque más de 150 ciudades tendrán su Zona de Bajas Emisiones a lo largo de 2022.

Dos años desmontando Madrid Central

Tras llegar a la alcaldía bajo la promesa de acabar con Madrid Central, Martínez-Almeida ha intentado en varias ocasiones rebajar los criterios para permitir más coches en la ciudad. Una obsesión que le sigue acompañando en el ecuador de su mandato.

Primero lo intentaron “a las bravas”. En junio de 2019, un mes después de las elecciones, el gobierno local aprobó una moratoria de multas que en la práctica dejaba sin efecto Madrid Central. Tras una enorme manifestación, acciones en la calle y una reunión con el alcalde, cuatro días después un juzgado paralizó la moratoria de forma cautelarísima. Los tribunales acabaron dando la razón a Greenpeace y Ecologistas en Acción al declarar ilegal la moratoria del Ayuntamiento de Madrid.

Agotada la vía rápida para revertir Madrid Central, comenzó la vía lenta: cambiar la Ordenanza de Movilidad.

Tras el revés judicial con la moratoria, Almeida presentó Madrid 360, un “Plan B” elaborado en apenas dos meses para cumplir con los objetivos de calidad del aire. Pese a que se vendió como algo revolucionario, cuando analizamos en detalle la estrategia vemos que ¡era peor que el “Plan A” vigente! Plagada de recortes, permisos para más coches y medidas como los macroparking que, finalmente, no se han llevado a cabo por el rechazo vecinal.

A día de hoy, dos años después, Madrid 360 todavía no cuenta con el visto bueno de la Comisión Europea y muchas medidas anunciadas bajo esa marca no estaban contempladas en la estrategia inicial. Porque cualquier cosa puede ser Madrid 360, sea sostenible o no: desde ampliar una autopista, asfaltar calles peatonales o implantar un carril-moto.

Un defecto de forma como excusa

Para añadir más ingredientes a esta historia propia de Dickens, apareció el “Almeida del pasado”. Por un recurso interpuesto por el propio PP cuando estaba en la oposición, un juzgado detectó un defecto en la formalización de la Ordenanza que regulaba Madrid Central. En concreto, el juez declaraba que como se habían tenido en cuenta muchas alegaciones, era preciso volver a sacar el documento a información pública una segunda vez.

Este inconveniente podría haberse solventado si el Ayuntamiento hubiera corregido el defecto de forma. Pero en lugar de eso se aprovechó la ocasión para sacar adelante una nueva Ordenanza de Movilidad, donde ya no derogaban Madrid Central pero sí se rebajaban muchos puntos. Por ejemplo:

  • 45.000 nuevos permisos al equiparar a los comerciantes como si fueran residentes
  • Ampliar el horario de acceso a todas las motos
  • Una moratoria a las furgonetas con distintivo B (amarillo)
  • Incentiva acudir en coche al colegio, con permisos definitivos y plazas “de alta rotación” junto a los centros escolares

No todos los cambios en la Ordenanza de Movilidad son regresivos. Medidas como la progresiva expulsión de los coches sin etiqueta adelantan la prohibición fijada para 2025. También se abre la puerta a incluir nuevas zonas de bajas emisiones en los barrios, aunque la de Plaza Elíptica parece más pensada para evitar el medidor de contaminación que hay en la plaza que para mejorar la calidad del aire en el distrito.

01/07/2019. Activistas de Greenpeace bloquearon el acceso a Madrid Central desde la calle Alcalá para reclamar al Ayuntamiento de Madrid que no rebajase una medida que ha demostrado su eficacia.
©Greenpeace/Mario Gómez

 

Madrid Central seguirá, porque la ley así lo dice

Aun así, la sensación es que la nueva Ordenanza modificará unas normas que, casualmente, permiten más facilidades al coche y más dificultades para la bicicleta. No lo decimos nosotros: así lo reconoce la propia Comunidad de Madrid en sus informes, y hasta el Defensor del Pueblo se ha manifestado en este sentido.

El borrador ha despertado una oleada de críticas: a pesar de ser agosto se han recibido más de 7.000 alegaciones (7 veces más que en la anterior Ordenanza) y se han respondido en apenas un mes, rechazándose el 95% de las mismas.

En el Pleno tampoco ha despertado un consenso político. Para lograr su aprobación, Almeida contará con el apoyo de cuatro concejales “tránsfugas” de la etapa de Carmena que votarán a favor de la Ordenanza a cambio de contar con un grupo municipal propio.

La obsesión por borrar Madrid Central llega al extremo de cambiarle el nombre por el “muy reconocible” de ZBEDEPDC (Zona de Bajas Emisiones De Especial Protección Distrito Centro). Cambiar las señales costará 185.000 €.

Pero por más que le intenten borrar el nombre, Madrid Central se queda.

Se queda porque alcaldes y alcaldesas de toda Europa siguen avanzando para hacer ciudades más sostenibles y con menos tráfico. Y se queda porque la Ley de Cambio Climático, a pesar de sus carencias y su falta de ambición, obliga a que ciudades como Madrid cuenten con Zonas de Bajas Emisiones y no se puedan revertir.

Las Zonas de Bajas Emisiones son una realidad en Madrid, en Barcelona y muy pronto en más de 150 pueblos y ciudades que deben cumplir con la Ley de Cambio Climático. Pero ojo: necesitamos unos criterios firmes para que ningún alcalde nos haga retroceder a un pasado con más coches y más contaminación.

Adrián Fernández Carrasco - autor del blog.

Adrián Fernández Carrasco

Ingeniero de Obras Públicas, especializado en Transporte, y Máster en Movilidad y Seguridad Vial por la Universidad Politécnica de Madrid. Responsable de la campaña de Movilidad en Greenpeace España. Twitter: @adri_fc

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