BP y la fábula del gigante verde – ES


A medio kilómetro bajo la superficie del océano Atlántico que se extiende a lo largo de Mauritania hasta el norte de Senegal, se encuentra un ecosistema de 100 metros de altura y 580 kilómetros de longitud, que ha tardado unos 200.000 años en formarse. Se trata del mayor arrecife coralino de agua fría que se conoce en el mundo. En los mares que lo rodean es probable que haya especies de tiburones, tortugas y ballenas en situación de vulnerabilidad o en peligro de extinción. Además, esta zona constituye uno de los principales corredores migratorios mundiales de aves acuáticas, que se detienen para alimentarse en su larga travesía desde el Ártico. Esta privilegiada área marítima tiene también especial importancia para los pescadores artesanales de toda la región.

En el límite de este ecosistema de incalculable valor, el gigante petrolero BP está desarrollando un nuevo megaproyecto de gas fósil a 2,7 km de profundidad, una distancia nunca antes intentada en toda África. Según la reciente investigación publicada por Unhearted y SourceMaterial, la primera extracción de gas se espera para dentro de solo dos años. Un oleoducto de BP conectará toda la infraestructura del proyecto bajo el mar. Sus doce pozos se ubicarán a 120 km de la costa, con dos grandes unidades de producción flotantes y una estructura de hormigón y roca de un kilómetro situada mucho más cerca de la costa, a modo de rompeolas.

La construcción ya está en marcha, con la primera fase de veinte años aprobada entre BP y sus socios: Kosmos Energy, las compañías nacionales Petrosen y SMHPM y los gobiernos mauritano y senegalés. BP ha descrito el proyecto Greater Tortue Ahmeyim (GTA) como el primer paso en el establecimiento de la cuenca como una provincia de gas a nivel mundial, que podría convertir a Senegal y Mauritania en dos actores globales en el mercado de gas natural licuado (GNL).

Se trata del primero de los tres centros de la región en los que BP tiene previsto operar durante al menos treinta años, aunque por el momento sólo se ha aprobado la primera fase del proyecto. Si estos proyectos siguen adelante en su totalidad, BP podría llegar a extraer más de un billón de metros cúbicos de gas fósil, según las estimaciones de Rystad Energy. Cuando se queme, generará unos 2.200 millones de toneladas métricas de emisiones de CO2, lo que equivale a entre el 0,3 y el 1% del presupuesto mundial de carbono que aún queda para mantenernos dentro de un aumento global de temperaturas de 1,5ºC.

“2002/09/04. Glaciar de Pasterze, Austria. ©Greenpeace/Falk Heller/Argum

Además del enorme impacto climático y el grave riesgo para la biodiversidad que supone este proyecto, las asociaciones de pescadores artesanales están preocupadas por el impacto de esta infraestructura en sus propios medios de vida. La pesca es un pilar fundamental de la economía de África occidental y una fuente esencial de proteínas, pero las empresas locales tienen cada vez más dificultades para competir con las prácticas industriales de los arrastreros europeos y chinos, y con la creciente industria de harinas y aceite de pescado. La suma de todos estos grandes proyectos extractivos está convirtiendo la región en el “salvaje oeste africano”, dibujado por el saqueo internacional de sus ricos recursos naturales.

Hace tan solo un año, BP anunciaba a bombo y platillo su compromiso de cero emisiones para 2050 y la reducción de su producción de petróleo y gas en un 40% para 2030, además de un “nuevo enfoque” de la empresa en su relación con la biodiversidad. Sin embargo, la inversión en este proyecto y el resto de sus planes en el continente africano parecen ir en la dirección contraria. BP también tiene actualmente proyectos de combustibles fósiles en Angola y, sin embargo, no tiene ni un solo proyecto de energías renovables en África subsahariana, que servirían verdaderamente para dar un impulso al desarrollo sostenible de la región, generaría miles de empleos y fomentaría la soberanía energética de millones de hogares.

El greenwashing o lavado verde forma parte de la estrategia de comunicación de muchas de las grandes corporaciones, que anuncian medidas cosméticas para mejorar su imagen de marca mientras sus planes caminan en otra dirección. En BP, esta disonancia alcanza cotas que insultan la inteligencia: solo un año después de sus anunciadas estrategias de reducción de emisiones y de conservación de la biodiversidad, nos encontramos con un plan que suma de lleno al continente africano en la carrera hacia el precipicio de los combustibles fósiles, amenazando además la soberanía alimentaria, la seguridad hídrica y la salud de una parte importante de su población.

Nada nuevo, por otro lado, para la quinta petrolera más grande del mundo, con un largo historial de patrocinios artísticos y culturales, y que a principios de siglo invirtió más de 200 millones de dólares en la transformación de su imagen de marca, sustituyendo el nombre de “British Petroleum” por BP (“Beyond Petroleum”): desde aquel eslogan que pretendía ir “más allá del petróleo”, la compañía ha emitido aproximadamente 1.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero procedentes casi exclusivamente del petróleo y el gas.

Pero la sociedad es cada vez más consciente de la responsabilidad de las grandes petroleras en la crisis climática, y mientras algunos inversores aplauden estas estrategias vacías de lavado de imagen o greenwashing, un número creciente de organizaciones y grupos de la sociedad civil no están dispuestos a callar, y señalan con el dedo sus prácticas irresponsables que nos arrastran hacia el colapso climático. El mes pasado, sin ir más lejos, activistas de Extinction Rebellion bloquearon la terminal de BP en Hamble (Reino Unido) en protesta por sus proyectos de expansión de petróleo y gas.

bpfossil

Foto de Xtinction Rebellion South East UK

Hace tan solo unas semanas, la Agencia Internacional de la Energía publicaba en su hoja de ruta cero emisiones para 2050 la necesidad de no desarrollar ningún nuevo proyecto de extracción de petróleo y gas en ninguna parte del mundo a partir de 2021, para tener una oportunidad de alcanzar los objetivos climáticos mundiales incluidos en el Acuerdo de París. Para hacerlo posible, hace falta que los gigantes como BP dejen de contarnos fábulas.

Javi Raboso - autor del blog.

Javi Raboso

Sociólogo por la Universidad Complutense de Madrid y activista de derechos humanos. Responsable de la campaña de Democracia y Cultura de Paz en Greenpeace España. Twitter: @javi_raboso

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