Valencia tras un año de pandemia: algunos avances en sostenibilidad pero también retos pendientes – ES


  • Greenpeace ha evaluado las medidas de movilidad y alimentación implantadas a lo largo del pasado año durante el confinamiento y la desescalada 
  • Valencia destaca en la recuperación de espacio para el peatón y el transporte público gracias a medidas como la nueva Plaça de l’Ajuntament o la calle Colón 
  • Los colectivos agroecológicos han tenido que empujar para tener mercados de venta no sedentaria e incluso para poder ir al huerto durante el confinamiento

  • El Ayuntamiento debe seguir instaurando la agroecología en la ciudad, ser un ejemplo de espacios públicos y cambiar su modelo de gestión de residuos

¿Cómo ha evolucionado Valencia en materia de movilidad y alimentación tras un año de pandemia? Greenpeace ha respondido a esta pregunta en el análisis Ciudades en pandemia, un año después que presenta hoy. A nivel global, la organización califica este año de oportunidad perdida para mejorar las ciudades tras el confinamiento, aunque valora la ambición de algunos ayuntamientos. En el caso de Valencia, se evalúan positivamente las medidas implementadas respecto a espacio urbano y transporte público, pero es necesaria más ambición en las medidas de alimentación analizadas aunque se hayan dado algunos pasos.

Evaluación por orden alfabético de 1) Espacios públicos; 2) Bicicleta; 3) Transporte público; 4) Acceso productos; 5) Ayudas alimentarias

Dado que la movilidad ha sido la actividad más restringida por el coronavirus, y la alimentación un aspecto crucial para afrontar una pandemia mundial como la COVID-19, en este documento se analizan las medidas que cinco ciudades españolas han implementado durante el último año, entre ellas Valencia.

El Ayuntamiento no creó calles peatonales en festivos durante la desescalada, pero sí aprovechó las circunstancias especiales para acelerar importantes proyectos en materia de movilidad y espacio público. Entre ellos destaca la peatonalización de la Plaça de l’Ajuntament, uno de los mayores ejemplos de urbanismo táctico realizados en 2020, o la reordenación de la calle Colón donde el coche deja más espacio para el transporte público y la bicicleta.

En materia alimentaria, los colectivos agroecológicos de la ciudad han tenido que estar empujando para tener mercados de venta no sedentaria, para lograr que el Ayuntamiento se comprometa a abrir cuatro nuevos mercados agroecológicos, e incluso para poder ir al huerto durante el confinamiento.

Este año de pandemia ha sido un año de oportunidades perdidas ya que la transformación de la ciudad de Valencia podría haber sido mucho más fuerte actuando sobre las autopistas urbanas y haciendo que los productos sostenibles de proximidad fueran mucho más accesibles para la población.

Valencia tiene además mucho que avanzar en materia de residuos aunque ese punto no haya sido foco del informe presentado hoy. La ciudad tiene que hacer una apuesta decidida por las políticas que primen la reducción y eliminación de los envases de un solo uso, así como exigir a la Generalitat Valenciana la implementación de un sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases real y no el modelo fallido de Reciclos. Actualmente solo recupera un 21% de sus envases domésticos en el contenedor amarillo, el resto, los que acaban en el contenedor de resto y recogidos en calles y papeleras cuestan al Ayuntamiento 38,4 millones de euros al año.

“Valencia fue capital mundial de la alimentación en 2017 por lo que debería ser un ejemplo nacional e internacional, implantando la agroecología en la ciudad y reduciendo el consumo de carne para mejorar su sistema alimentario actual”, ha declarado Fernando Fernández, Coordinador de Movilización de Greenpeace. “Debe ser un ejemplo en la ampliación de espacios públicos, en su gestión de residuos, continuar extendiendo la incipiente red de mercados agroecológicos y poniendo en marcha una compra pública de productos ecológicos, de proximidad y de temporada en los comedores públicos de su competencia”, concluye Fernández.

Transformar las ciudades y convertirlas en espacios más sanos, seguros y sostenibles es uno de los grandes retos de la humanidad este siglo. En el contexto de emergencia climática y sanitaria actual, es fundamental que las ciudades de todo el país se conviertan definitivamente en ejemplos a seguir en materia de progreso, equidad y sostenibilidad. Las ciudades deben ser transformadas a través de políticas públicas en ciudades sostenibles para las personas. De lo contrario, no será posible transitar hacia modelos más sostenibles y resilientes frente a nuevas amenazas propias de la actual crisis climática, sanitaria y socioeconómica.



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