Clima y biodiversidad necesitan las campanas de la España vaciada – ES


Hoy a las 12.00 sonarán las campanas de nuestros pueblos, alertan de una amenaza. También en Madrid, a las puertas del Congreso, centro de toma de decisiones. Repique de campanas para alertar de la situación de nuestros pueblos.
Y suenan porque hoy se cumplen dos años desde que comenzó la revuelta de la España Vaciada.

El 31 de marzo de 2019 miles de personas se manifestaban para mostrar al mundo la situación de injusticia que viven las áreas rurales de España. Así nació la Coordinadora de la España Vaciada, plataforma formada por más de 30 organizaciones de todo el territorio para poner sus demandas en la agenda política: hacer frente y revertir el problema de la despoblación y desequilibrio territorial. Las zonas escasamente pobladas no disfrutan de los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, violando así el artículo 14 de la Constitución, puesto que muchas veces no tienen igual acceso a servicios públicos dotacionales, como sanidad y educación, a los mercados de trabajo, a internet, etc., lo que muchas veces no hace sino aumentar la despoblación dado que la gente acaba prefiriendo migrar a las ciudades.

Un reciente estudio sobre la percepción de los avances en la España Vaciada desde 2019 es claro. De los 200 líderes (individuales y colectivos) que se han consultado casi la mitad aprecia mínimos avances, pero un tercio de ellos creen que todo está igual o peor. Solo un 10,8 por ciento estima que estamos mejor.

Las zonas rurales suponen el 85% de todo el territorio en el que vive solamente 7,5 millones de personas, el 16,5% de todos los habitantes. Es todo un país que lejos de estar vacío está lleno de vida y ecosistemas que son imprescindibles para hacer frente a la actual crisis ecológica, esto es, la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad. ¿Por qué? porque los ecosistemas actúan como sumideros de carbono atmosférico, contribuyendo a mitigar el cambio climático, porque albergan la mayor biodiversidad de especies silvestres y domesticadas, porque contribuyen a la regulación climática, porque abastecen de alimentos y otros recursos naturales, en definitiva, porque son nuestro sustento.

En el actual contexto en el que sólo nos quedan 10 años según la comunidad científica para frenar los peores impactos del cambio climático, la mitigación del mismo mediante los sumideros naturales es imprescindible y se ha de contemplar como complemento a la reducción drástica de emisiones a la atmósfera. Asimismo, dada la crisis de biodiversidad por la extinción masiva de especies que está teniendo lugar como resultado de la actividad humana que es 1.000 veces mayor que la que tendría lugar de manera natural según la comunidad científica, la conservación de ecosistemas es clave para asegurar nuestro bienestar social.

Muchas de las personas habitantes del medio rural cohabitan dichos ecosistemas realizan actividades fundamentales para soportar dicha crisis. Luchar contra la despoblación y el desequilibrio territorial ha de ir necesariamente de la mano de una transición ecológica de actividades económicas que permitan solucionar la crisis ecológica que vivimos. Es una oportunidad de cambio. Por ello, la conservación de los ecosistemas así como la dinamización del medio rural son dos elementos imprescindibles para realizar la transición ecológica, y construir una sociedad social y ambientalmente justa.

Greenpeace trabaja por un medio rural equilibrado con el mundo urbano, un medio rural vivo, inclusivo y diverso, y un medio rural fuerte para combatir la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad, alejada de falsas soluciones que no fijan población y destruyen nuestro medio ambiente como las macrogranjas, monocultivos o cementerios nucleares, por ello nos unimos al repique de campanas. #EspañaVACIADA #sigueLATIENDO.

 

Paloma Nuche y Mónica Parrilla.



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